martes, 2 de junio de 2009

LIX

por Yamila Greco

en una tierra donde
los muros se alimentan

de golpes
manos descarnadas

el símbolo es la desgracia
que circunda que persigue

sospecho
que bajo la arrogancia

existe
la metástasis de Dios

un dolor insoportable
pareciera caminar

sobre lo llano

podría ser la trampa
que resulta

cuando la lengua dormita

los latidos existentes
bajo el torso petrificado

de la angustia

el puño del tirano
defraudó mi mejilla

dejó gélida mi boca

tanto frío para soportar
incluso

las miradas

habría que sellar
con tierra

las ventanas los postigos

proteger las costras
que cargamos como bestias

contra la carcajada pública
del corazón

no hay quien
se libre del látigo

quien olvide
los contornos

tal vez finalmente
me estoy acercando

es posible contraer
los precipicios

provocar la forma
que delate

que repugne

ya no brotan visitas
no tiemblan las puertas

advierto el canto
de los que simulan

mi muerte

la humanidad postrada
cuyo manto

desconoce la silueta

incluso el gemido
adorna los espejos

la letra torcida para acaecer
del otro lado

sucede así

si es que huyen
o revelan la sustancia

que torna piedra
a los cuerpos

existe una voz
que suplica

una voz que se alza
impúdica en el Manicomio

donde no tiene escoltas
la apariencia

ni hay riesgo de división
ni simpatías

que se diga lo siniestro
y lo impalpable

es posible reunir
todos los gritos

y aún así
que nadie escuche

añoro nada

el fondo de un ademán
quizás humano

nada

recto es el lugar
del disimulo

escucho el llanto
de todo aquello

que no debiera
haber nacido

Dios aún respira

domingo, 24 de mayo de 2009

¿Antisemitismo?

A la memoria de Simón Radowitzky y Raymundo Gleyzer

por Néstor Kohan

Los hechos

Se sabe. Salió publicado en la tapa de Clarín y en varios canales de televisión. En Argentina hubo un acto pequeñísimo —algunos pocos cientos de personas que no llegaban al medio millar— en conmemoración del estado de Israel organizado por la embajada de ese país junto con el gobierno porteño de la derecha neoliberal clásica vinculada al empresario Mauricio Macri. Un pequeñísimo grupo de manifestantes —que no llegaba a dos decenas— intentaron disentir con el sionismo repartiendo volantes en el acto y se armó una trifulca. Represión policial. Los manifestantes críticos del sionismo golpeados y presos. Una brutal campaña mediática para ilegalizar a la izquierda piquetera. La acusación central: “antisemitismo”. Persecución, allanamientos, encarcelamientos, judicialización. Intento de eliminar planes sociales, cuestionamientos a todo el movimiento piquetero no oficialista.
Bajo presión de la embajada del estado de Israel y de la embajada de los Estados Unidos en Argentina, el gobierno de Cristina Kirchner y los jueces allanan un local piquetero en la provincia de Buenos Aires, encarcelan a otros diez militantes además de los que ya estaban presos por el acto. Histeria mediática que acusa a toda la izquierda no institucional—principalmente de origen marxista— de... “antisemita”.

¿Quién escribe y quién opina?

Algunos antisemitas disimulan y esconden sus prejuicios con el ajetreado y manoseado “tengo un amigo judío”. Yo no tengo un amigo judío. Simplemente parte de mi familia fue torturada y masacrada por los genocidas nazis (genocidio que no tuvo nada de “holocausto”. No fue “un castigo de Dios”, sino una empresa política bien mundana y terrenal, planeada y ejecutada en forma burocrática a partir de un proyecto de reordenamiento y contrarrevolución capitalista, de factura europeo occidental pero cuyas pretensiones imperialistas apuntaban a todo el planeta). Y si mi familia no hubiera sufrido ese genocidio en carne propia igual tendría derecho a opinar.

Nuestro vínculo con los presos

Conocemos a muchos de ellos y ellas. Con algunos hemos compartido militancia, formación política y estudio durante años y años, décadas. En barrios de la periferia de la provincia de Buenos aires, Argentina. También en escuelas de formación política del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil. Igualmente en actividades conjuntas junto a los pueblos originarios e indígenas de Bolivia. Nos conocemos bien, principalmente con los compañeros del Movimiento Teresa Rodríguez (MTR).
Ellos asistieron a nuestra Cátedra Che Guevara durante años. En la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, primero, en el Hotel Bauen, después.
Precisamente en el local que fue allanado por la policía, conocido en el barrio de Florencio Varela (uno de los más humildes de la provincia de Buenos Aires) como el cabildo de Castelli, con estos compañeros que hoy están en prisión acusados de “antisemitas” hemos desarrollado una escuela de formación política piquetera y barrial. Lo hicimos en forma totalmente gratuita, absolutamente voluntaria, sin cobrar jamás un solo peso.
Con la gente de los barrios leíamos y estudiábamos a Antonio Gramsci y al Che Guevara. ¡Gravísimo! ¡Terrible! También discutíamos sobre historia argentina. Mirábamos con la gente de los barrios, amas de casa, obreros ocupados, obreros desocupados, muchachos y chicas humildes, de la clase trabajadora, películas. Por ejemplo vimos y discutimos Los traidores de Raymundo Gleyzer (¿Quiénes hoy encarcelan a estos compañeros se habrán sentido aludidos por esa película?). Incluso alguna vez con estos compañeros hicimos un taller de filosofía en los barrios donde, junto con trabajadores y trabajadoras, amas de casa y muchos jóvenes analizamos el capítulo séptimo del libro Cosmos del investigador, profesor y astrónomo de la NASA (institución norteamericana..., señor embajador de los Estados Unidos... Sí, norteamericana... ¡horror!), Carl Sagan: El espinazo de la noche. ¡Gravísimo! ¡Peligro! ¿Clases de filosofía en los barrios? ¿En medio de la calle de barro? ¿En medio de los chicos corriendo y con los perros ladrando alrededor? ¡Inconcebible! ¡Gravísimo! La filosofía es para los niños de la elite, no para la gente humilde y los trabajadores de los barrios. ¡Terroristas!¡Inadaptados! ¡Autoritarios! ¿Cómo se les ocurre socializar el saber? ¡Subversivos! ¡Deberíamos volver a hablar en latín y que la cultura sea para pocos! ¡Loquitos sueltos!
La demonización mediática es tremenda. Presentan a estos compañeros como si fueran oscuros y monstruosos “terroristas” de las películas más baratas de Hollywood. Los conocemos bien. Si no fuera trágico... nos daría risa. Es más, ya nos reiremos juntos cuando estos compañeros salgan de la cárcel...

¿El estado de Israel defiende al pueblo judío?

¿Los acusan de “antisemitas”? ¿Israel protege al pueblo judío? ¿La embajada de Israel y la embajada yanqui en Argentina son los «papás» del pueblo judío?
El estado de Israel habla hoy en nombre de las víctimas del genocidio nazi, de los sobrevivientes y de sus familias. Para legitimarse, se autopostula “protector” de los judíos y representante de los familiares y las víctimas del nazismo.
Pensemos un poco. Hagamos memoria.
Si Israel nos protegiera, no entiendo porque el estado de Israel fue un aliado estrecho y fiel de Videla y Massera, dictadores simpatizantes de Adolf Hitler (como todas las Fuerzas Armadas argentinas, según lo demuestra el documental Panteón militar del historiador y periodista Osvaldo Bayer). El general Videla era un católico ultramontano, que preconizaba la guerra contrainsurgente como si fuera una guerra santa contra los ateos marxistas. Todos los manuales de la escuela secundaria de aquella época así lo prueban. El almirante Massera, a su vez, era integrante de la logia neonazi P2. ¿Por qué el estado de Israel tenía una alianza tan estrecha con esta dictadura militar?
En su época el Movimiento Judío por los Derechos Humanos (MJDH) había calculado que de los 30.000 desaparecidos y desaparecidas en Argentina, aproximadamente entre 1.500 y 2.000 eran de origen judío. Una proporción bastante mayor (en realidad corresponde a 16 veces más) si se la compara con la relación cuantitativa de la comunidad judía con el conjunto de la población total de nuestro país. No fue casual.
Eso se explica al menos por dos razones. En primer lugar, por la activa militancia del judaísmo progresista y de izquierda en las organizaciones revolucionarias argentinas (incluyendo las político-militares PRT-ERP, FAR, Montoneros y otras similares). En segundo lugar, por el carácter brutalmente antisemita de los militares argentinos. Hay numerosísimos testimonios, por ejemplo en el Nunca más (un libro que no tiene posiciones de “ultraizquierda” precisamente... ya que el prólogo de Ernesto Sábato fortaleció la tristemente célebre “teoría de los dos demonios”) sobre el ensañamiento especial de los torturadores militares con los prisioneros y secuestrados de origen judío, las torturas “especiales”, las marchas nazis que les hacían escuchar en las cámaras de tortura, etc.,etc. El general Camps, jefe policial que se responsabilizó de la desaparición y asesinato de 5.000 prisioneros, era un confeso antisemita. Su odio a los judíos lo expresaba cada vez que podía. No era el único, sólo uno de los más conocidos y cínicos.
¿Qué hizo el estado de Israel para proteger no ya a los 30.000 desaparecidos y desaparecidas en general, sino especialmente a los 1.500 ó 2.000 desaparecidos judíos?
Según reconoce Pinjas Avivi, el entonces cónsul de la embajada del estado de Israel en Argentina (entre 1978 y 1981), cuando acompaña al periodista Jacobo Timerman (uno de los pocos, quizás el único, que logró salvarse) al aeropuerto de Ezeiza le pide... no que denuncie a la dictadura y las tremendas torturas que sufrió... ¡sino todo lo contrario...! “Le pedí que no atacara al gobierno militar porque corría peligro nuestro trabajo” (Página 12, 8/9/2001). El funcionario israelí reconoce que este tipo de actitud respondía a que: “no queríamos dañar las relaciones diplomáticas entre Israel y la Argentina”. El mismo funcionario reconoce que “hubo detenidos que rechazaron nuestra ayuda. Ellos nos espetaron: «Ustedes son colonialistas, genocidas y conquistadores. No queremos vuestra ayuda. Ustedes son peores que los generales»” (http://www.hagshama.org.il [1/2/2000]). Iosi Sarid, uno de los diputados de Israel del Frente de Izquierda Meretz reveló que en los archivos de la cancillería israelí y en el ministerio de Defensa de Israel hay pruebas que niegan la versión acerca de la supuesta “ignorancia” del estado israelí respecto a las masivas desapariciones, secuestros y torturas de judíos en Argentina, “pruebas que se trataron entonces de ocultar para no molestar a las «buenas relaciones», y entre ellas la venta de armas” (18/11/2003, www.wzo.org.il).
La colaboración del estado de Israel —venta de armas, votos de la dictadura a favor de Israel en Naciones Unidas, etc.— con la dictadura militar, genocida y antisemita del general Videla no fue una excepción. Lo mismo hizo con otros regímenes fascistas o de extrema derecha como los de Augusto Pinochet (que usaba el uniforme nazi) en Chile, Anastasio Somoza en Nicaragua o el régimen neonazi del apartheid en Sudáfrica. Todos estrechos aliados, como Israel, de la cabeza madre de la serpiente extremista, el estado norteamericano: USA. ¿Una casualidad?
¿El apoyo entusiasta a Somoza tenía que ver con “la defensa del judaísmo”? Comandos israelíes hoy combaten a la insurgencia marxista de las FARC-EP o asesoran a los narco-militares de Uribe en las selvas y montañas de Colombia... ¿para “defender a los judíos”? ¿Cuáles son los judíos que viven en las montañas o selvas de Colombia? ¡Queremos conocerlos para compartir algunas comidas o mirar juntos algunas películas de Woody Allen!
Cuando el famoso intelectual estadounidense Noam Chomsky (de origen judío, quien vivió varios años en Israel y se marchó sumamente decepcionado y amargado) afirma que las FARC-EP de Colombia no son terroristas y que, en cambio, la política oficial del estado de Israel es de extrema derecha, no sólo en medio Oriente sino en todo el mundo... ¿será acaso un “terrorista antisemita”?
Lejos de la tradición humanista de Sigmund Freud, Albert Einstein y Karl Marx que supiera defender el entrañable escritor judío Isaac Deutscher, hoy Israel hace culto de la limpieza étnica y la discriminación, construye un muro de intolerancia (por el que nadie se “ofende” como ocurriera hipócritamente con el muro de Berlín...), legaliza la monstruosidad de la tortura (llamándola con el mismo eufemismo del que hacen gala los “demócratas” norteamericanos.. “interrogatorios fuertes”) y practica sobre los demás lo mismo que alguna vez sufrió en carne propia el pueblo judío. Como bien alertó en su época el pensador judío Martín Buber: “Deberemos enfrentar la realidad que Israel no es inocente ni redentora. Y que en toda su creación, y expansión, nosotros como judíos hemos causado lo que hemos sufrido históricamente: una población de refugiados en la diáspora”.
Como alguna vez escribió en su libro Ser judío el filósofo judío y marxista argentino León Rozitchner: “¿Qué extraña inversión se produjo en las entrañas de ese pueblo humillado, perseguido, asesinado, como para humillar, perseguir y asesinar a quienes reclaman lo mismo que los judíos antes habían reclamado para sí mismos? ¿Qué extraña victoria póstuma del nazismo, qué extraña destrucción inseminó la barbarie nazi en el espíritu judío? ¡Qué extraña capacidad vuelve a despertar en este apoderamiento de los territorios ajenos, donde la seguridad que se reclama lo es sobre el fondo de la destrucción y dominación del otro por la fuerza y el terror? Se ve entonces que cuando el estado de Israel enviaba sus armas a los regímenes de América Latina y de África, ya allí era visible la nueva y estúpida coherencia de los que se identifican con su propios perseguidores. Los judíos latinoamericanos no lo olvidamos. No olvidemos tampoco Chatila y Sabra”.

¿Quién es el enemigo?

¿Nos permiten un consejo? A los muchachos del MOSSAD y las Fuerzas Armadas de Israel, humildemente, les sugerimos que si lo que buscan es adrenalina y venganza por los feroces asesinatos nazis del pasado contra el pueblo judío... pues bien... entonces... ¿por qué no planificar y prepararse para atacar en forma mortífera y demoledora a las grandes empresas europeas y estadounidense que se enriquecieron con el genocidio nazi? Como bien explica el formidable libro Negocios son negocios. Los empresarios que financiaron el ascenso de Hitler al poder del escritor judío Daniel Muchnik, el nazismo no fue una “anomalía”.
Los jerarcas políticos, militares e ideológicos del nazismo son conocidos: Hermann Göring, Joseph Goebbels, Ernst Röhm, Alfred Rosemberg, Ulrich F.J.von Ribbentrop, Heinrich Himmler, Rudolf Hess, Gottfried Feder, Josef Mengele, entre otros. Mucho menos lo son, en cambio, los empresarios beneficiarios-cómplices, socios de intereses, aliados o colaboracionistas del nazismo en Alemania.
La lista es larga y Muchnik la recorre minuciosamente. Entre otros incluye a las empresas Siemens (eléctrica), a BMW y Volkswagen (automotrices), a Fritz Thyssen (industrial siderúrgico que murió en 1951 en Buenos Aires), a Gustav Krupp (dueño del gigante del acero alemán), a Ernst Heinkel (desde 1938 “führer económico-militar”) y a Emil Kirdorf (empresario del carbón). Estos empresarios, recuerda amargamente Muchnik, aun habiendo utilizado mano de obra esclava de los prisioneros judíos, comunistas o gitanos salieron airosos de los juicios de Nuremberg... ¿Una mera casualidad?
¿Acaso hoy en día —vuelve a preguntarse Muchnik— no siguen operando con total impunidad empresas de origen nazi (derivadas de la IG Farben, que fabricaba el raticida de las cámaras de gas) como la Bayer, la Hoesch o la BASF, demandadas por sobrevivientes del genocidio nazi?
Muchnik aporta entonces una cantidad enorme de datos sobre la colaboración sistemática, los negocios o incluso la simpatía ideológica que mantuvieron con Hitler—aún durante la segunda guerra mundial— empresas como la General Motors (asociada con IG Farben), la General Electric, la Brown Boveri (filial de Westing House), el británico Unilever, la Shell, la United Steel, el Chase Manhattan Bank de Rockefeller, la Standard Oil, la TEXACO, la ITT (la del golpe de estado de 1973 en Chile), el National City Bank, el grupo editorial Bertelsman, dueño de RCA y accionista mayoritario de American On Line (el principal proveedor de Internet de EEUU) y la Ford. ¡Todos ellos se llenaron de dinero con el nazismo y hoy, en pleno siglo XXI, siguen abultando sus cuentas bancarias y sus acciones con total impunidad!.
Ahí tendrían que atacar y dirigir su violencia mortal, muchachos de MOSSAD y las Fuerzas Armadas de Israel, no a los refugiados palestinos, no a las escuelas palestinas, no a los hospitales palestinos, no a las familias palestinas... El enemigo tampoco son los piqueteros de Argentina, la insurgencia de Colombia, los negros de Sudáfrica. El enemigo son las grandes empresas que amasaron fortunas con el nazismo.
¿Se confundieron de enemigo, muchachos, o ustedes son amigos y cómplices de ese enemigo? Lean ese libro, “desinformados” muchachos del MOSSAD...

¿Los revolucionarios son “terroristas antisemitas”?

La literatura sionista, la gran prensa del poder (monopólico), la embajada de los Estados Unidos y la embajada de Israel han logrado construir un gran sofisma. Todo revolucionario es... “un terrorista”. Si cuestiona la política de estado de Israel o Estados Unidos es, además, un “terrorista antisemita”.
¿Cómo llamarían los dirigentes sionistas y los monopolios de (in)comunicación a uno de los principales fundadores de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) de la Argentina de los años ‘70, el militante de origen judío y comunista Marcos Osatinsky? Marcos Osatinsky no sólo era guevarista, promovía una opción político-militar, era aliado de Cuba y defendía la causa palestina. Estuvo prisionero por la dictadura militar en la cárcel de Rawson, se fugó en tiempos de la “masacre de Trelew”, pasó por el Chile de Salvador Allende y llegó a Cuba, donde además de hacer trabajo voluntario se fotografió con Mario Robi Santucho y otros revolucionarios antiimperialistas de aquella época. Este gran revolucionario de origen judío hoy está desaparecido. ¿Marcos era un “terrorista antisemita”?
¿Cómo llamarían los dirigentes sionistas y los monopolios de (in)comunicación al joven obrero judío libertario Simón Radowitzky que a comienzos de siglo ajustició con un explosivo al feroz coronel de la policía Ramón Falcón, luego de que este último masacrara a obreros indefensos en un acto por el primero de mayo en una plaza porteña? Simón Radowitzky fue castigado con más de dos décadas de torturas, vejámenes y reclusión en las peores cárceles del sur argentino, tras cuya deportación a Montevideo marchó a combatir con las armas en la mano en los batallones internacionalistas en la guerra civil española. ¿Simón era un “terrorista antisemita”?
¿Cómo llamarían los dirigentes sionistas y los monopolios de (in)comunicación a Teresa Israel, joven abogada de guerrilleros y militantes populares? Esta joven judía comunista abogada de presos políticos, una de las más audaces que incursionó en el tenebroso cuartel militar de Campo de mayo denunciando las torturas a los detenidos, se metía en los años ’70 en los cuarteles para intentar salvar la vida de los revolucionarios secuestrados y torturados por los militares argentinos (aliados del estado de Israel). Hoy está desaparecida. Muchos centros culturales y barriales llevan el nombre de Teresa, joven judía revolucionaria. ¿Teresa era una “terrorista antisemita”?
Cómo llamarían los dirigentes sionistas y los monopolios de (in)comunicación a Raymundo Gleyzer, joven militante judío, primero comunista y luego combatiente del guevarista Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). En casa familiar de Raymundo se fundó el teatro IFT, uno de los baluartes culturales del judaísmo progresista argentino, hoy ubicado en el barrio de Once. Raymundo, brillante y apasionado, dirigió el grupo Cine de la Base y fue el gran cineasta de la insurgencia argentina, amiga de la causa palestina. ¿Raymundo era un “terrorista antisemita”?
La lista de ejemplos sigue y es incontable. No sólo de Argentina sino de toda América Latina y el mundo.
¿El joven dirigente uruguayo Jorge Zabalza, que comenzó militando en la agrupación judía Hashomer Hatzair, visitó Israel, vivió en un kibbutz y luego al regresar se convirtió en uno de los comandantes y uno de los nueve rehenes históricos en Uruguay pertenecientes al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, organización amiga de la causa palestina? ¿El «tambero», como lo llaman en Uruguay, es un “terrorista antisemita”?
¿Y Mauricio Rozencof, igualmente judío, otro de los fundadores de Tupamaros en Uruguay? ¿Era un “terrorista antisemita”?
Y Enrique Oltusky, joven militante judío cubano, que se convirtió en estrecho colaborador del comandante Ernesto Che Guevara (Oltusky, junto con su amigo Orlando Borrego, fue el organizador de las Obras Completas del Che conocidas por el título El Che en la revolución cubana. Los tres, Oltusky, Borrego y Guevara, estudiaron juntos El Capital en Cuba). Como su jefe Guevara, Oltusky era amigo de la causa palestina. ¿Era Enrique un “terrorista antisemita”?
Y si nos vamos aún más para atrás... ¿El joven guerrillero socialista Mordejai Anielevich, que mientras los grandes popes del sionismo negociaban con los nazis, organizaba en el guetto de Varsovia el único camino para enfrentar a los fachos, es decir, la lucha armada... ¿Era un “terrorista antisemita”?
La criminalización macartista de los revolucionarios —especialmente de aquellos que tienen o asumen posiciones radicalizadas— y la falacia de homologarlos con el brutal y monstruoso antisemitismo de origen nazi no reviste el menor análisis histórico. Únicamente a condición de borrar, no sólo la heroica resistencia palestina sino incluso la propia historia de honor y valentía del judaísmo revolucionario y socialista —impulsor de la lucha armada— se puede aceptar la propaganda oficial del MOSSAD, el estado de Israel y la embajada de Estados Unidos.

¿La izquierda piquetera “antisemita”?

Todavía hoy sigue sin resolverse el atentado a la AMIA. Mientras la dirigencia oficial del sionismo se abrazaba con los políticos del sistema y aplaudía al presidente Carlos Saúl Menem, todo el mundo sabía que había una “pata local” en el atentado. Atentado que no se hizo en los barrios donde viven los judíos ricos, chetos y millonarios sino en el barrio de Once, uno de los más populares de la ciudad de Buenos Aires (precisamente el mismo barrio donde a principios del siglo XX tuvo lugar la “semana trágica”, cuando los hijos y los “niños bien” de los empresarios y las bandas parapoliciales salían a reprimir obreros insurrectos y a cazar “judíos-bolcheviques”, vejando mujeres y niños y asesinando a mansalva en nombre de “la patria”). En la “pata local”· del atentado a la AMIA, todo el mundo sospechaba que había puesto su garra sucia y corrupta la policía de la provincia de Buenos Aires, popularmente conocida como “la bonaerense”. También se sospechó que los militares carapintadas —ex instructores en contrainsurgencia en las escuelas yanquis del canal de Panamá— habían colaborado.
Pero a nadie, absolutamente a nadie, ni siquiera a los más delirantes o fantasiosos, se le ocurrió que el movimiento piquetero estuvo mezclado con el atentado a la AMIA.
¿Por qué entonces ese odio y esa histeria que ahora vemos en todos los monopolios de la incomunicación contra la izquierda piquetera?
Pedimos permiso para contar una anécdota. Resulta que hace unos años, una de las organizaciones de víctimas del atentado a la AMIA, los compañeros de APEMIA, organizaron un acto en la calle Corrientes y Pasteur, barrio de Once, Capital Federal de Argentina. Hubo bastante concurrencia. Cuando un trabajador morocho y muy humilde del Polo Obrero intentó subir al estrado a solidarizarse con las familias de las víctimas, algunos sionistas que estaban en el público comenzaron a insultarlo, abuchearlo e intentaron echarlo. Casi nos agarramos a golpes.
¿Por qué ese odio de clase? ¿Al sionismo le interesa el pueblo judío o en realidad defiende sus propios intereses, incluso contra los propios judíos? Si de verdad le interesara el bienestar de los judíos NUNCA, repito, NUNCA hubiera apoyado una dictadura antisemita como la de Videla y Massera.

¿El sionismo nos protege?

Pido permiso para contar otra anécdota personal, esta de la adolescencia. Resulta que en la escuela secundaria militábamos en el centro de estudiantes. Algunos de nuestros amigos eran judíos, otros católicos y un compañero era de origen árabe, aunque de fe católica. Sin renegar de nuestro origen, nosotros éramos (y somos) ateos. Sin embargo, aprovechando el “día del perdón” (no nos ponían inasistencia), faltamos a clase, como gran parte de los adolescentes intentando escapar de la disciplina escolar. Junto con los de apellido judío también faltaron nuestros amigos de origen católico y el de origen árabe. ¿Qué se encontró la barra de amigos al día siguiente al regresar a clase? En cada uno de nuestros bancos de madera había pintada una inmensa cruz svástica (nazi) de color rojo con cada uno de nuestros nombres. La primera reacción, instintiva, fue irnos a los puños. Pero rápidamente, pensando políticamente, como militantes del centro de estudiantes hicimos una denuncia pública de este gravísimo hecho antisemita. Como dirigentes del centro de estudiantes recorrimos muchísimos diarios. Nadie publicó nada. El único periódico que publicó la denuncia fue Nueva Presencia, órgano periodístico que había sido en tiempos dictatoriales baluarte cultural de la resistencia popular. Dirigido por el periodista Herman Schiller (a Herman lo conocimos personalmente muchos años después militando con las madres de plaza de mayo), Nueva presencia le dio lugar en sus páginas a la colorida familia de la izquierda argentina, judía y no judía.
Inmediatamente después de la denuncia vinieron a la escuela dirigentes sionistas. No recuerdo ahora si eran de la OSA o de la DAIA. Pero era un dirigente entonces de peso y renombre. Vino a averiguar y a pedir explicaciones por el hecho antisemita. El rector de la escuela, facho disfrazado de liberal, jurista legitimador de los golpes de estado y columnista del diario de extrema derecha La Prensa, nos llamó a los estudiantes agredidos y también al agresor (quien vino junto con su padre) que había pintado las cruces nazis. En medio de la discusión, el rector le dice al dirigente sionista, señalándome con el brazo extendido: “Porque este estudiante es marxista y milita en el fascismo rojo”. Automáticamente al dirigente sionista se le cruzaron los ojos. Se olvidó al instante del joven neonazi, de las cruces svásticas, de la agresión antisemita y empezó a insultarme. Yo no entendía nada. ¿No venía a defendernos de los nazis? ¿Nosotros no éramos los atacados? ¡No! Para el dirigente sionista, que no era un muchacho ignorante sino un alto dirigente del sionismo argentino, era más peligroso un estudiante marxista judío que un nazi que pintaba svásticas... ¡¡¡Increíble!!! En aquella época yo era muy chico. No entendí nada. La situación me parecía un absurdo y absolutamente ridícula. De agredido y denunciante yo había terminado siendo acusado... ¡Nada menos que por otro judío! Años después lo comprendí muy bien...

¿Los palestinos nos odian?

¿Los palestinos nos odian? No es cierto. Gravísimo error confundir judaísmo con sionismo. Confusión que resulta falsa a todas luces, si se la esgrime en defensa del estado de Israel como si se lo hace en contra de Israel. La resistencia palestina —al menos en sus vertientes y organizaciones más lúcidas, las que provienen de un tronco antiimperialista laico y socialista— lucha contra la política de estado de Israel, no contra todos los judíos en general.
Si se me permite, quisiera contar una tercera anécdota para ilustrar este pensamiento.
Cuando se inauguró la Escuela Nacional «Florestan Fernandes», cerca de San Pablo, a iniciativa del Movimiento sin Tierra (MST) de Brasil, allí nos encontramos militantes de muchas partes del mundo, todos unidos por las mismas banderas y los mismos ideales, los más nobles que ha conocido la humanidad hasta el momento. Había, entre muchísima otra gente, judíos no israelíes. También había marxistas israelíes. Igualmente estaban presentes madres palestinas. Estas últimas vestidas con sus pañuelos y túnicas tradicionales. Todavía recuerdo con una emoción indescriptible el inmenso abrazo internacionalista y fraterno que estas madres nos dieron a todos y todas por igual, incluyendo a los judíos no israelíes y a los marxistas de Israel, sabiendo perfectamente quien era cada uno. No me lo contó nadie. No lo leí en ningún libro. No lo vi en ninguna película. Ese abrazo entrañable, afectuoso y fraternal de palestinas y judíos, palestinos y judías, simbolizó para nosotros un adelanto de cómo se podría vivir y convivir si este mundo cruel y mezquino, no lo gobernaran el imperialismo y las burguesías, con todo su abanico de primitivismo político, odio racial, opresión nacional y fanatismo religioso sino los pueblos organizados sobre un proyecto socialista de alcance mundial. No es un sueño delirante, es algo posible y al alcance de la mano, con la condición de sacarnos de encima a los dueños del poder burgués, del mercado, del capital y de la guerra fraticida.
Por todo esto, les pedimos a los señores defensores del sionismo que hagan toda la propaganda que quieran y se les antoje, pero...

¡Basta ya! ¡No la hagan en nuestro nombre!

¡No usen la memoria de nuestros abuelos y bisabuelos torturados, perseguidos, y masacrados por el nazismo para fines mezquinos, egoístas e indefendibles!

¡Viva la causa de los hermanos y hermanas palestinas!

¡Viva el socialismo!

¡Libertad a todos los presos y presas políticas!


23 de mayo de 2009

miércoles, 13 de mayo de 2009

Levadura triste

por Julio Oscar Peralta

Un gorrión escarba
sobre montículos de escombros,
buscando migas perdidas del azar,
sin darse cuenta que el pan
mojado engorda en mis ojos
de lluvia permanente.

Más poemas en la edición impresa de Lilith Nº 11. En quioscos y librerías.

El ascendido

por Andrés Eduardo Bohoslavsky

Volví al barrio, después de mucho tiempo
mejor dicho
eso hubiera querido.
Pero sucedió algo muy extraño

cuando estaba a pocas cuadras
me crucé con un viejo amigo
que llevaba colgando una medallita
con mi rostro

me contó de un mito
que hablaba de mi ascenso al cielo
aquella noche tan lejana
en que me había marchado.

Me reí, muchísimo
hasta que dijo, seriamente:
- por favor, andate
no te deben ver

entre nosotros, eres el ascendido
hay templos con tu nombre
Andy
templos que yo administro

pero hagamos algo
útil
tomá un poco de dinero
y desaparecé.

Volví, callado
mi madre me preguntó
como me había ido
le dije: -bien.

todos te mandan cariños
además, tuve mucha suerte
encontré dinero en la vereda
de nuestra vieja casa-

Mamá me miró, me dijo:
- hijo, qué afortunado eres
seguro irás
al cielo.

Más poemas en la edición impresa de Lilith Nº 10. En quioscos y librerías.

Homenaje a Cataluña

por Carlos Penelas

Edward Hopper (1882-1950?), pintor realista norteamericano de temas urbanos y arquitectónicos que plasmó en sus obras imágenes de hostilidad y enajenamiento, nos dice: "Yo no pinto la tristeza y la soledad, sólo intento pintar la luz en esta pared". Esta sola definición bastaría para resumir el clima, la literatura y la ideología que hay en Homenaje a Cataluña. Llegaremos a esta obra bordeando algunos textos y contextos para proponer una indagación sobre el libro de Orwell.
Hay una lista de escritores que discreparon con la ortodoxia del Partido: Koestler, Gide, Malraux, Bretón, son algunos de ellos. Tres poetas ingleses, significativos, que si bien practicaron una poesía política no cayeron en la ortodoxia fueron Stephen Spender, C. Day Lewis y W.H. Auden. Tuvieron una trayectoria de credulidades y desilusiones. En 1937 Spender se alza contra la rigidez dogmática del marxismo. Nos dice: "La ortodoxia dogmática que tal vez consiga imponer una revolución habrá de expresarse instalando una censura estricta y una policía secreta. La sospecha y la represión tendrán sus ministerios". Debemos recordar al pasar aquel excelente film de Terry Gilliam, Brazil, en donde nos presenta una alternativa dramática de la que pende nuestro destino como individuos. Y naturalmente, I como Icaro, en donde el policía le dice al protagonista: "Las revoluciones pasan, la policía queda".
Sin duda, un lector de formación mediana conoce los nombres de Swift, Carroll, Wells, Huxley, Defoe o London. Son autores que han leído o han escuchado hablar de ellos. No sucede lo mismo con Orwell. Este se opuso desde una militancia ética, con lucidez, a todo espejismo triunfalista marcando con su disidencia una línea. Por esos años, Day Lewis acentuó su oposición a todo dirigismo literario: "La primera condición de un poema es que sea bueno, técnicamente, se entiende". El escritor inglés Philip Henderson, que durante algún tiempo aceptó ciertos convencionalismos del dirigismo marxista, proclamó en 1939 que "... el deber de un poeta no es convertirse en político, sino interpretar imaginativamente la crisis instalada en la mente del hombre".
Venimos asistiendo a la caída de todas las ilusiones: las metafísicas, las religiosas, las ideológicas. Ahora leemos los excesos del mundo virtual. La proliferación de pantallas e imágenes. La realidad ha sido expulsada de sí. Todo se enmascara. Hay una obscenidad que está en la ilusión y la apariencia, vivimos rodeados de modelos efímeros. Aparece la simulación, el vértigo. La televisión nos presenta un encadenamiento insensato, ininterrumpido. Es un mundo saturado que cae en la indeterminación. Por eso los reality show. Tenemos una representación de la verdad, una obscenidad que nos invade. La violencia y la promiscuidad van sepultando los hechos, las miradas, los gestos. Se sepulta en el silencio y el olvido. Por eso reivindicamos la cultura de la resistencia, o la esperanza desesperada.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 10. En quioscos y librerías.

Jean Rhys

el sujeto femenino y la escritura contestataria

por Diego Luis Forte

Jean Rhys ha sido una gran escritora olvidada por la crítica durante la mayor parte de su vida. Tanto sus orígenes marginales como sus temáticas narrativas, más marginales aún, fueron, al menos durante la primera mitad del siglo XX, ignoradas. Pero desde la publicación de Ancho mar de los sargazos en 1966 y, sobre todo desde su redescubrimiento por parte de Al Alvarez en 1974, la obra de Rhys cobró un nuevo interés para la crítica, por lo que se sucedieron estudios sobre ella desde distintas perspectivas. Generalmente son tres los ángulos que se mencionan como vectores:
1- En Inglaterra la crítica la considera una British Woman Writer que describe los valores sociales de la última época del imperio.
2- La crítica norteamericana considera su trabajo en la perspectiva de Woman as a victim, aunque igualmente reconocen los valores de la sociedad imperial que pone de relieve.
3- Los estudios realizados en el caribe la consideran representante de la mentalidad de la clase dominante.

Estas diferentes perspectivas reconocen un elemento común: la concepción de Rhys del concepto de identidad. En Ancho mar de los sargazos la identidad está concebida en términos de dominación social, punto que la acerca tanto a conceptos básicos de la crítica feminista y postcolonial como a la literatura postmoderna que cuestiona la idea de un sujeto preexistente al discurso en el cual se constituye como tal.
Algunos críticos mencionan que esta concepción adoptada por Rhys tiene sus raíces en su propia experiencia personal y apela a anécdotas de su vida narradas en su autobiografía Smile Please, publicada póstumamente. En ella, Rhys describe una conflictiva aunque no tormentosa relación con su madre, que se complicó luego del nacimiento de su hermana. En otra sección del libro también se comenta que escuchó a su madre decir que le gustaban los niños negros, por lo cual buscó identificarse con ellos. Por estas razones habría establecido un vínculo muy fuerte con una criada negra llamada Francine, a la que habría retratado en Voyage in the Dark.
Más allá de anécdotas que pertenecen al ámbito de lo privado, lo concreto es que Rhys pertenecía a dos grupos que pueden considerarse marginales: era mujer y creolle. Y éstas son justamente las dos identidades que van a verse definidas fuertemente en la obra. Ambas son periféricas, caen fuera de los límites impuestos por el discurso dominante.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 10. En quioscos y librerías.

Laberinto a Voegele

(Hacia una reformulación de la realidad)

por Nicolás Raúl Correa

..."Di questa costa, là dov`ella frange
più sua ratteza, ñaque al mondo un sole,
come fa questo talvolta di Gange"...

Ya en el descubrimiento que se realizó en el grupo escultórico que se encuentra en la basílica de San Francisco (Alsina y Defensa, Ciudad Autónoma de Buenos Aires) podemos encontrar el mejor ejemplo del arte codificado y mediado, y no sólo en ese descubrimiento, sino en el conjunto de relaciones que la escultura ofrece. Podemos decir que la totalidad del grupo escultórico nos sugiere mucho más y no sólo unos papeles viejos en la cabeza de una estatua. Dicha representación está constituida por San Francisco de Asís, Dante Alighieri a su derecha, a su izquierda Giotto di Bondone y en posición de reverencia, Cristóbal Colón. El aspecto mudo de esta formación no es en vano y lo llevaremos como directriz que recorra nuestro horizonte de acertijos; el caso más apasionante de la codificación sistemática de una obra que en su momento tuvo una función especulativa y concreta, propuesta por la siempre dominante ideología de la iglesia y veremos por esto su mediatización de sentido. Hoy, la función representativa de la obra modificó su patrón de referencia y, tal vez, podamos asignarle el sentido verdadero que supone. Un sin fin de preguntas nos trae este hallazgo interesante, desde muchas perspectivas.
En primer lugar el autor, Antonio Voegele, austriaco, nacido en Pradl, distrito de Innsbruck, del cual uno podría preguntarse eternamente sin tener una respuesta satisfactoria o un eco siquiera de aquella existencia y, después de buscar sus pasos por doquier, hallamos que la mejor referencia a sí mismo, es la escultura en sí. Nació en 1860 y murió en 1924, probablemente, esperando este momento. Era un hombre taciturno y no muy alto. Paciente, quizá, el mejor adjetivo. Hasta donde puede saberse vivió en la calle Juncal 2437 y poseía taller propio. Poco, realmente muy poco.
El arquitecto Ernst Sackman, alemán, se encargó de renovar la basílica y en 1911 la presentó como el "nuevo templo", con una fachada preciosista y de un barroco bávaro deslumbrante, quitándole todos los detalles del antiguo templo español, del que sólo quedaban el altar y algunos objetos que posteriormente se perdieron, junto a las estatuas de San Francisco y San Roque durante la quema de iglesias ocurrida en 1955.
Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 11. En quioscos y librerías.

Elogio del caminante

Sobre Agustín García Calvo y la crítica de la política (del automotor)

por Alejandro G. Miroli

1 La ciudad mutante
Vivimos en ciudades enormes, gigantes, para las cuales no hay casi experiencia histórica, no por tamaño -Roma tenía aproximadamente 1,5 millones de habitantes hacia el s. II e.c.; Mexihco-Tenochtitlan llegó a tener 500 mil habitantes cuando los españoles la destrozaron- sino porque la ciudad moderna es una ciudad mutante, en ella hay algo que juega un papel nuevo, impensado en la era clásica: la máquina automotora. Camiones, automóviles, motocicletas, tranvías, trolebuses, trenes elevados o subterráneos son parte del paisaje urbano el que, salvo en las más recientes, no estuvo en ninguno de los proyectos originarios: todas las grandes ciudades nacieron con peatones o medios de tracción animal, burros, caballos, camellos, llamas.
Esa ciudad mutante tiene un efecto perverso, toda la lógica de la administración urbana está guiada y evaluada por un único parámetro, la administración de las máquinas automotoras, veamos si no:
(i) En la medida que la superficie del ejido urbano no varía y que la cantidad de estas máquinas automotoras aumenta a tasa constante se produce una contradicción ya que se hace más lento transitar por las calles y se incrementa la peligrosidad en las mismas.
(ii) La necesidad de ofrecer vías de movilidad para las máquinas automotoras supone la aplicación del escaso espacio público a la construcción de autopistas, lo que produce un notable deterioro visual, sonoro y espacial, sobre todo por la creación de dos dimensiones que preanuncian las ciudades estratificadas en las que la superficie se convierte en el depósito de la miseria social.
(iii) La existencia de estas máquinas supone también la creación de un lugar para albergarlas con una usurpación creciente de los espacios comunes. Así, las arterias laterales se transforman en playas de estacionamiento privadas, ralentizando la capacidad de movilidad humana y estrangulando los pasos para el transporte público.
(iv) La expropiación de este espacio se hace en aras del progreso, ya que el incremento del parque automotor es uno de los parámetros que los fabricantes de ideología exhiben como índice de crecimiento de la economía nacional.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 11. En quioscos y librerías.

lunes, 11 de mayo de 2009

Muerte

por Lidia Vaccaro

No quisiera pensarte muerte,
pero me atraes;
será el misterio que te envuelve
(o la no vida que ya tengo).

Te temo muerte,
te temo vida;
temo al misterio
que a las dos envuelve.

Publicado en Lilith Nº 2 (primera época), diciembre de 1978. Sólo por pedido.

Ultimo poema

por Robert Desnos (*)

Tanto soñé contigo,
caminé tanto, hablé tanto,
tanto amé tu sombra,
que ya nada me queda de tí.
Sólo me queda ser la sombra entre las sombras,
ser cien veces más sombra que la sombra,
ser la sombra que retornará y retornará siempre
en tu vida llena de sol.

(*) Poeta francés (1990-1945), de Tanto soñé contigo.

Publicado en Lilith Nº 2 (primera época), diciembre de 1978. Sólo por pedido.

A la manera de...

por Graciela E. Dopico

Mis hijos serán poetas, locos
apasionados, delgados, bohemios y locuaces.

Les prohibo abogados grises o ministros
locutores sonrientes, bodegueros.

Serán fotógrafos de crepúsculos y oboes
anémicos y de ojos asombrados
o no serán nada.

Zapatillas de baile rosas y gastadas
anunciarán a Tschaicovsky
le pondrán coreografía a un cuadro de Toulousse
o no serán nada.

Cuando grandes
los pongo contra el sol y les explico
del amor, de las sombras
del lenguaje ritual y sin palabras
los suicidas, los puros, los sin nombre.

Los seguirán los gatos, las ardillas
comerán ostras sin pagar la cuenta
encontrarán perlas y un recuerdo.

Eso serán.

Eso serán.

Y aquí va mi testamento:
les dejo una clave de sol y algunos libros
ningún traje de novia y una biblia
una caja de zapatos azul y con sorpresas.

El día de mi muerte
adornen con tulipanes los espejos
no se abriguen demasiado
porque es mentira que en los cementerios
hace frío y espanto,
mi sonrisa les calentará los labios
cuando estén camino a casa.

Publicado en Lilith Nº 2 (primera época), diciembre de 1978. Sólo por pedido.

jueves, 30 de abril de 2009

Sonido animal

La musical comunicación de los animales

por Osvaldo Sánchez

Desde aquí adentro veo una tarde con forma de ventana. El invierno tira sobre las últimas hojas su primer frío gris; lo único cálido me espera a mitad de camino entre los pocos reflejos de luz y este café. Junto al árbol rugoso un perro escarba el piso mientras en lo alto algunos pájaros formulan su impasible barullo.
¿Todo lo que suena es música? Intento remozar mi prehistoria metiéndome en los rincones del instinto. Pero algo falla, no recuerdo bien. ¿Cuántas centurias hace que perdí mi lado animal?

I. La esencia es la misma
Sobre los vidrios descubro ya una llovizna de suaves golpeteos. Los elementos le ponen ritmo a mis pensamientos.
El sonido se mide por vibraciones; cuantas más vibraciones por segundo posee un sonido, más agudo es. Cuantas menos, más grave.
Gran parte de los animales tiene un oído mucho más fino que el ser humano; perros y caballos captan el doble de vibraciones. Elefantes y reses perciben infrasonidos, es decir, vibraciones que están por debajo de la percepción humana, siendo éstos muy bajos o graves. Con menor cantidad de vibración llegan más lejos, por ello algunos animales pueden escuchar a una distancia de hasta cuatro kilómetros. El oído del murciélago es tan fino que puede sentir las pisadas de una hormiga.
Los insectos se reparten virtudes. Algunos captan ultrasonidos y otros infrasonidos. Los hay con membranas parecidas a tímpanos en todo su cuerpo o con delicados pelos aptos para reconocer las ondas vibratorias.
Las ondas vibratorias que los humanos podemos percibir son las que viajan por el aire. Pero bajo el agua también existe un universo sonoro ya que prácticamente no hay pez que no emita sonido alguno. Los peces oyen mediante un órgano que no sólo es sensible a las ondas sonoras, sino también a las variaciones de presión. Ruidos como de pesadas cadenas, como motores, como tambores y violines, como llamados de guerra suenan por rincones subacuáticos. De manera directa las personas no podemos escuchar todo eso, se necesitó mucha tecnología para descubrir este submundo sonoro ya que nuestro oído no está preparado como los órganos sensoriales de los peces, que sirven para percibir vibraciones viajando por el agua. Se necesita un sonido muy potente para ser escuchado por una persona sumergida, aún así deberá estar muy cerca del emisor.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 7. Sólo en librerías o por pedido.

lunes, 27 de abril de 2009

Günter Grass:

a cinco decenios del desencanto

por Luis Benítez

Un rostro duro y desencantado -como la mayoría de sus páginas en prosa y verso- exhibe este hombre de 76 años que es uno de los mayores escritores europeos vivientes y figura clave de la literatura de la centuria pasada. La modernidad no puede ser concebida sin la presencia de Günter Grass y su obra, entre otras múltiples razones, porque le brindó al último medio siglo el estilo y la argumentación, más el tono escéptico necesarios para comparar y comprender la médula de los trasfondos y matices de las más optimistas intentonas de vanguardia, tanto en el campo político como en el estético. A través de toda su obra, Grass nos recuerda, una y otra vez, que detrás de las más pretenciosas ideologías, creaciones y actitudes de la cultura -entendida en su acepción más amplia, como el conjunto de las actividades de la humanidad- se esconde la fuerte verdad de que, en definitiva, ellas son su praxis, o sea, lo que terminan haciendo de ellas los hombres.

“Ein jung Günter, mein Oberbefehlshaber” -”Un muchacho Günter, mi comandante en jefe”- repuso el soldado.
Recién llegado a la barraca donde los oficiales y la tropa rasa alternaban por igual, el Oberbefehlshaber Von Läis se había interesado por el muchachito al que acababan de liberar de aquel campo de concentración norteamericano, justo en el momento en que él había sido trasladado.
El sargento de artillería que le había respondido su distraída pregunta agregó: -Era de la Luftwafe, Herr Oberbefehlshaber. Creo que auxiliar de tercera o algo así. Estaba herido cuando llegó al campo.
Pero ya el Oberbefehlshaber Von Läis había perdido todo interés en ese muchachito alto, demacrado y de aire infantil -futuro Premio Nobel de Literatura- que había visto salir hacia la libertad. Después de todo, al chico le esperaba la vida civil y a él Nuremberg.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 9. En quioscos y librerías.

Aguante Kafka

(o del husmear una estrictura)

por Patricio Leone

¿Por qué insistir con Kafka? ¿Por qué dedicarse nuevamente a ejecutar un proceso de disección psíquica de su obra y no extasiarse con la lectura ingenua de quien fuera, a mi entender, uno de los más grandes escritores de la historia?
Porque Kafka nos lleva hasta ahí. Como un plano inclinado que nos empuja a meternos en los minúsculos e inmensos recintos de los juzgados donde K. libra su batalla en El proceso, o empantanarnos en la nieve de aquella callejuela iluminada y oscura donde el agrimensor de El castillo espera vanamente un carruaje. O contemplar entre horrorizados y subyugados al gigantesco e ínfimo insecto de La metamorfosis.
El enigma es qué produce (a) un escritor y, en el caso de Kafka, esta incógnita se magnifica en la medida en que su escritura es de una potencia tal que seduce a miles de artistas que abrevan en sus páginas. Los surrealistas consideraban a Kafka como el primero de ellos, y desde Barthes ("he ahí una respuesta de Kafka a todo lo que se investiga actualmente en torno a la novela: que finalmente es la precisión de una escritura ­ -precisión estructural, desde luego, y no retórica; no se trata de ‘escribir bien’-” la que compromete al escritor en el mundo...) a Camus, quien sostiene con una belleza que aturde: "el mundo de Kafka es, en verdad, un universo indecible donde el hombre se da el lujo torturante de pescar en una bañera, sabiendo que no saldrá nada", pasando por Borges, que confiesa: "Yo he escrito también algunos cuentos en los cuales traté ambiciosa e inútilmente de ser Kafka", la obra de Kafka provocaba un encandilamiento garrafal.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 9. En quioscos y librerías.

Albert Camus

Discurso del 10 de diciembre de 1957 en la municipalidad de Estocolmo, al finalizar el banquete que clausura las ceremonias de asignación de los premios Nobel.

por Albert Camus

Al recibir la distinción con que ha querido honrarme vuestra libre Academia, mi gratitud era tanto más profunda porque bien medía yo hasta qué punto semejante recompensa sobrepasa mis méritos personales. Todo hombre y con mayor razón, todo artista, desea que se lo reconozca. Yo también lo deseo; pero no me fue posible enterarme de vuestra decisión sin comparar su resonancia con lo que realmente soy. Cómo un hombre joven, rico tan sólo de deudas y con una obra aún no acabada, acostumbrado a vivir en la soledad del trabajo o en el retiro de la amistad, no iba a enterarse con una suerte de terror de una decisión que, de un golpe, lo colocaba, solo y reducido a sí mismo, en medio de una luz cruda. Por otra parte, ¿con qué espíritu podía recibir ese honor en un momento en que en Europa, otros escritores, entre los más grandes, están reducidos a silencio, y en el momento mismo en que su tierra natal experimenta una desdicha sin tregua?
Conozco ese desorden y esa turbación interior. Para recuperar la paz tuve que acomodarme a una suerte demasiado generosa. Y, puesto que no podía igualarme a ella apoyándome exclusivamente en mis méritos, para ayudarme no encontré otra cosa sino lo que me sostuvo, en las circunstancias más contrarias, a lo largo de toda mi vida: la concepción que tengo de mi arte y del papel de escritor. Permitidme tan sólo que, animado por un sentimiento de gratitud y amistad, os diga del modo más sencillo posible, cuál es esa gratitud.
Personalmente no puedo vivir sin mi arte. Pero nunca lo he colocado por encima de todo. Por el contrario, si me es necesario, lo es porque no se aparta de nadie y me permite vivir, tal como soy, al nivel de todo el mundo. A mis ojos el arte no es un goce solitario. Es un medio de conmover el mayor número de hombres posibles, ofreciéndoles una imagen privilegiada de los sufrimientos y de las alegrías más comunes. El arte obliga, pues, al artista a no aislarse. Lo somete a la verdad más humilde y universal. De manera que quien, a menudo, eligió su destino de artista porque se sentía diferente, bien pronto se da cuenta de que no nutrirá su arte y su diferencia, sino confesando su semejanza con todos. El artista se forja en ese ir y venir constante de él a los otros, a mitad de camino de la belleza, de la que no puede prescindir, y de la comunidad, de la que no puede apartarse. Por eso los verdaderos artistas no desprecian nada; se obligan a comprender en vez de juzgar. Y, si toman un partido en el mundo, éste no puede ser sino en una sociedad en la que, según las grandes palabras de Nietzsche, ya no reinará el juez sino el creador, ya sea trabajador, ya sea intelectual.
El papel del escritor, por eso mismo, no se aparta de los deberes difíciles. Por definición, hoy no puede ponerse al servicio de los que hacen la historia: el escritor está al servicio de los que la padecen. De otro modo quedaría privado de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no lo arrancarán de la soledad aún, y sobre todo, si él consiente en marchar al mismo paso que ellos. Pero el silencio de un prisionero desconocido, abandonado a las humillaciones en el otro extremo del mundo, basta para hacer salir al escritor de su exilio, por lo menos cada vez que logra, en medio de los privilegios de la libertad, no olvidarse de ese silencio y hacerlo resonar por los medios del arte.
Ninguno de nosotros es lo bastante grande para semejante vocación. Pero, en todas las circunstancias de la vida, oscuro o transitoriamente célebre, aherrojado por la tiranía o libre por un momento de expresarse, el escritor puede reencontrar el sentimiento de una comunidad viva que lo justifique, con la sola condición de que acepte, lo que más pueda, las dos cargas que hacen la grandeza de su profesión: servir a la verdad y servir a la libertad. Puesto que su vocación es reunir el mayor número de hombres posible, ella no puede acomodarse a la servidumbre y a la mentira que, donde reinan, hacen proliferar las soledades. Cualesquiera sean nuestras debilidades personales, la nobleza de nuestra profesión tendrá siempre sus raíces en dos compromisos difíciles de mantener: negarse a mentir lo que uno sabe y resistirse a la opresión.
Durante más de veinte años de una historia de locura y delirios, desvalido y extraviado, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones de la época, me vi, pues, sostenido por el sentimiento oscuro de que escribir era para mí un honor, porque ese acto obligaba y obligaba no sólo a escribir. Me obligaba, principalmente, a sobrellevar, tal como yo era y según mis fuerzas, con todos los que vivían la misma historia, la desdicha y la esperanza que compartíamos. Esos hombres nacidos a comienzos de la primera guerra mundial, que llegaban a los veinte años en el momento en que se asentaban el poder hitlerista y los primeros procesos revolucionarios, para completar su educación en la guerra de España, en la segunda guerra mundial, en el universo que se concentraba, en la Europa de las torturas y de las prisiones, tienen hoy que educar a sus hijos y realizar sus obras en un mundo amenazado por la destrucción nuclear. Supongo que nadie puede pedirles que sean optimistas; es más aún, creo que debemos comprender, sin dejar de luchar contra ellos, el error de los que en una puja de desesperación reivindicaron el derecho al deshonor y se lanzaron a los nihilismos de la época. Pero lo cierto es que la mayor parte de nosotros, en mi país y en Europa, han rechazado ese nihilismo y se han puesto a buscar una legitimidad. Tuvieron que forjarse un arte de vivir en tiempo de catástrofe, para nacer por segunda vez y luchar en seguida, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que obra en nuestra literatura.
Evidentemente cada generación se cree dedicada a rehacer el mundo. Sin embargo, la mía sabe que no lo rehará. Pero acaso su misión sea más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida, en la que se mezclan las revoluciones frustradas, las técnicas que llegan a un grado de locura, los dioses muertos y las ideologías extenuadas, en la que poderes mediocres pueden destruirlo todo, aunque ya no saben convencer, en la que la inteligencia se ha rebajado hasta convertirse en servidora del odio y la opresión, esta generación tuvo, en sí misma y alrededor de ella, que restaurar, partiendo únicamente de sus negaciones, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir o de morir. Frente a un mundo amenazado por la desintegración, en el que nuestros inquisidores están a punto de establecer para siempre los reinos de la muerte, nuestra generación sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo trabajo y cultura, y reconstruir con todos los hombres un arco de alianza. No es seguro que alguna vez pueda llevar a cabo semejante tarea; pero sí es seguro que, en todas las partes del mundo, se mantiene ya en su doble empeño de verdad y de libertad y que, llegado el momento, sabe morir sin odio por ese compromiso. Esta generación merece que se la salude y se la estimule donde se la encuentre y, sobre todo, donde ella se sacrifica. En todo caso, a ella quisiera yo, seguro de vuestro profundo acuerdo, remitir el honor que acabáis de hacerme.Al propio tiempo, después de haber proclamado la nobleza del oficio de escribir, habría remitido al escritor a su verdadero lugar, pues éste no tiene otros títulos que los que comparte con sus compañeros de lucha, vulnerable pero obstinado, injusto y apasionado por la justicia, que construye su obra sin vergüenza ni orgullo, a la vista de todos, siempre dividido entre el dolor y la belleza, y dedicado, en fin, a extraer de su ser doble, las creaciones que él procura tenazmente edificar en medio del movimiento destructor de la historia. ¿Quién de esto, podría esperar de él soluciones acabadas y hermosas teorías morales? La verdad es misteriosa, evasiva, y siempre hay que conquistarla. La libertad es peligrosa, difícil de vivir, así como es enardecedora. Debemos marchar hacia esas dos metas, penosa pero sueltamente, seguros de antemano de los desfallecimientos que habrán de sobrecogernos en tan largo camino. ¿Qué escritor se atrevería entonces, de buena fe, a convertirse en predicador de la virtud? En lo que a mí se refiere, tengo que decir una vez más que no soy nada de eso. Nunca pude renunciar a la luz, a la felicidad de ser, a la vida libre en la que crecí, pero aunque esta nostalgia explica muchos de mis errores y de mis faltas, ella me ayudó sin duda alguna a comprender mi oficio y me ayuda aún hoy a mantenerme, ciegamente, al lado de esos hombres silenciosos, que no soportan en el mundo la vida que se les ofrece, sino por el recuerdo o el retorno de breves y libres momentos de dicha. Reducido, pues, a lo que realmente soy, a mis límites, a mis dudas, así como a mi fe difícil, me siento más libre de mostrarles, para terminar, la extensión y la generosidad del honor que acabáis de acordarme, también más libre de deciros que quisiera recibirlo como un homenaje a aquellos que, participando del mismo combate, no recibieron ningún privilegio, sino que, por el contrario, conocieron la desdicha y la persecución. No me quedará sino, pues, agradecerles con todo mi corazón y hacer públicamente, en testimonio personal de gratitud, la misma y vieja promesa de fidelidad que todo artista verdadero se hace día a día a sí mismo, en silencio.

Nota en la edición impresa de Lilith Nº 6. Sólo en librerías o por pedido.

Rompecabezas de una tragedia

Vida y muerte de Marilyn Monroe

por Rubén Sacchi

El cadáver de la rubia yace en la confortable cama de la lujosa casa en Los Angeles. A su lado, un par de oscuros sujetos limpian las huellas de su crimen. Dejan un frasco de Nembutal sobre la mesa de luz, poderoso sedante, para que el dosaje que acaban de inyectar directamente en la vena de su víctima se entienda como suicidio y así la muerte quede libre de sospechas. Las investigaciones pueden llegar a ser muy molestas, y hasta peligrosas. Rojo, blanco... negro: por la ventana entrecerrada alcanzan a penetrar las intermitencias de las luces de neón, proyectadas por un enorme anuncio de Coca Cola. Rojo, blanco: los colores del imperio que penetran no sólo en esta penumbra, sino hasta en la inexpugnable cortina de hierro, llevando la ilusión de apagar la sed del consumo insaciable; negro: la ausencia de luz, el color de la noche o la muerte que, desde hace escasos minutos , sobrevuela el aposento. Los colores del imperio omnipotente y omnipresente, Gran Hermano que supera lo ficcional literario, que decide la vida y la muerte de las personas pero que, tal vez por soberbia, queda a merced de cuestiones menores, descuidos impensables en semejante estructura, deslices que pueden provocarle fisuras y hasta el definitivo derrumbe.
Ahora están buscando un diario que puede ser tan peligroso como ella, la rubia platinada de voluptuosas curvas, no está allí. Van al bungalow de huéspedes, saben que su archivo es la segunda y última posibilidad pero, luego de violentar la cerradura, comprueban que allí tampoco.
Esta escena no saldría de lo común en un film de los hermanos Coen, ni tendría nada de original en un policial negro al estilo de Raymond Chandler o John Le Carré. Nada, si no hubiese sido presenciada, y hasta inspirada, por el entonces fiscal general de los Estados Unidos y hermano de su presidente: Robert Kennedy.

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domingo, 26 de abril de 2009

Víctor Marcelo Clementi

Intento

Una luz vanidosa ata mi cuerpo,
el recuerdo, un espejo que miente:
nunca fue como lo presentí,
apenas alenté la menor humillación.

Y si así no fuera
sería lo mismo,
amarro los entonces
para no discutirme.


Antes

antes que palabra fui culpable
sombra en la cerradura
el pasado de un patio
una foto del más allá

no sé qué excusa diseñe de ahora en más
para volver a perdonarme.

Más poemas en Lilith Nº 3, sólo en librerías o por pedido.

Para comerte mejor

Apuntes sobre antropofagia

por Rubén Sacchi

500 AÑOS EN EL FUTURO

Octubre de 2492. El Gobierno Único Totalitario, bendecido por la Iglesia Unificada, se apresta a celebrar el primer milenio de la conquista de América. Ese territorio, otrora virgen, irredento y henchido de frutos es hoy una mole de rascacielos, polución y ­hacinamiento. Ya no hay nada por penetrar, ocupar, habitar, ni restos de comida que hallar en la basura.
Tres naves espaciales, simbólicamente con forma de carabelas, serán las protagonistas de una colosal aventura: el descubrimiento de otros planetas que den alimento a la raza humana. En tanto, en la Tierra, la superpoblación asiste al espectáculo consumiendo los escasos alimentos existentes y completando su pobre dieta con la ingesta de cadáveres que, prolijamente descuartizados, son envasados al vacío y frizados para su venta en grandes cadenas de supermercados, solucionando así dos de las más terribles falencias del sistema en vigor: el hambre y la escasez de tierra donde enterrar los muertos.
Este relato de espanto, que bien cabría tildar de ciencia ficción, puede convertirse en la realidad del mañana. Los estómagos más refinados no evitarán un ligero retortijón al leer estas líneas, habrá quien no contenga una arcada y, seguramente, quien grite: "¡Jamás!", esgrimiendo razones de naturaleza humana. "Eso es cosa de animales", ­agregarán. Sin embargo, la historia y costumbres del hombre están plagadas de hechos similares, no precisamente la de los animales.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 3. Sólo en librerías o por pedido.

Cayetano Santos Godino

y los orejudos del fin del mundo

por Oscar Oriolo

Entre 1902 y 1947 funcionó en el fin del mundo, Ushuaia, el Presidio y Cárcel de Reincidentes. De entre los personajes y leyendas que se forjaron, tanto dentro como fuera del perímetro del penal y que aún siguen resonando, podemos rescatar algunos casos elegidos no demasiado azarosamente.
El histórico militante anarquista Simón Radowitzky estuvo preso entre 1911 y 1930 por haber ajusticiado, mediante la explosión de una bomba, al entonces jefe de la policía Ramón Lorenzo Falcón, célebre represor de obreros. Radowitzky fue el único preso que consiguió fugarse de la penitenciaría; vestido con ropas de guardiacárcel huyó a Chile donde, luego de 23 días de libertad, fue recapturado.
Herns, conocido como serruchito, era tratante de blancas; asesinó a su socio suponiendo que, si no lo mataba, su propia vida corría riesgo de caer en manos de éste. Descuartizó su cuerpo y lo arrojó, con peso extra, a los lagos de Palermo. Confió en el peso del tórax y supuso que no necesitaría suplementarlo. No contó con que los ­pulmones lo harían flotar: esa fue su condena. Irónicamente desarrolló tareas de carnicero en el presidio, teniendo gran precisión con las articulaciones y descuartizando reses con habilidad, maestría y, por supuesto, fruición. En algún reportaje que le hicieron dentro del penal dijo que "estaría libre si hubiese sabido algo de anatomía".

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 5. Sólo en librerías o por pedido.

El impredecible señor Lovecraft

Acerca de Hongos de Yuggoth

por Juan Carlos Licastro

Dos hombres descubrieron Plutón en 1930. Uno de ellos lo hizo a través de un telescopio y se llamó Clyde W. Tombaugh. El otro, nacido en la ciudad de Providence (Rhode Island) un 20 de agosto de 1890, lo hizo en sus poemas infernales, donde moraban extraños seres llegados desde los confines del espacio. Howard Philips Lovecraft, ya que de él se trata, bautizó a ese mundo con el misterioso nombre de Yuggoth. Tombaugh obtuvo unas fotografías tomadas el 23 y el 29 de enero desde su observatorio de Arizona, dando cuenta del suceso. El universo se extendía más allá de Neptuno. El sol, desde ese nuevo planeta, se veía mil veces más tenue que desde la Tierra y su superficie era totalmente helada y tenía una luna a la que se la denominó Caronte. Lovecraft supuso la existencia de hongos sobre el suelo plutoniano. Para su libro, que no fue publicado en vida del autor, escribió 36 sonetos, algunos de ellos ciertamente inquietantes. La revista Weird Tales, en la que colaboraba asiduamente como dibujante Margaret Brundage, compró diez por 35 dólares y el Providence Journal adquirió cinco más, que se dieron a conocer posteriormente. Algunos periódicos locales, sin mayor trascendencia, divulgaron los restantes. El autor, para construirlos, había usado un tratado poético del siglo XVIII, siglo que amaba, pero su talento fue inferior al que presentarían en versos August Derleth y Clark Ashton Smith, contemporáneos suyos. En dichos sonetos se propone un pasado remoto rodeado por tinieblas y un presente amenazado. Heredero de Edgar Allan Poe, Lord Dunsany y M.R. James, quiso este escritor, odiado por su madre e hijo de un padre con tendencia a la promiscuidad, trasladarse a otros planetas y ahondar en un espacio no euclidiano. Sus viajes son cerebrales y aunque su soporte científico son las teorías einstenianas, rompe con ellas para bifurcarse en todos los senderos del tiempo. Este Lovecraft de la Nueva Inglaterra fue muy prolífico en sus escritos de carácter científico. Química y astronomía fueron ciencias desarrolladas por él en páginas del The Pawtuxet Valley Gleaner (Phoenix, Rhode Island) y en el The Tribune de Providence, entre 1897 y 1904.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 5. Sólo en librerías o por pedido.

viernes, 24 de abril de 2009

ShAkEspeaRe

y los alienígenas

por Esteban Lozano

Voy a dar un ejemplo de esas insospechadas conexiones que pueden aparecer si uno detiene un momento la marcha y mira atrás. Vale decir: si las busca (y si las busca, las encuentra).
Primero debo mencionar que en 1964, a los 8 años de edad, me convertí, sin saberlo, en un personaje de Juan José Saer. Bueno… no exactamente un personaje: un extra, para decirlo con propiedad. Dino Minitti dirigió una película titulada El encuentro, que se basaba en el cuento de Saer El taximetrista; estaba protagonizada por Héctor Pellegrini y María Cristina Laurenz (pareja emblemática del nuevo cine argentino de la década de 1960: Minitti también la dirigió en Un lugar al sol, y Rodolfo Kuhn hizo lo propio en Pajarito Gómez). El mismo Juani (como lo llamaban los amigos) Saer hizo la adaptación, y su dactilógrafo fue un tal Esteban Lozano (mi padre), por entonces ayudante de producción y primo del productor de la película. Mi debut como extra en cine se produjo de la mano de mi madre y transitando la vereda -opuesta a la estación de micros- de una manzana que ya no existe: avenida Caseros al mil. Ahí estoy, rechoncho dentro de mi trajecito de la primera comunión, tratando de igualar el apurado paso de mi madre que da la impresión de querer salir de cuadro cuanto antes.
Por esa época yo estaba fascinado con una serie televisiva que en la Argentina se tituló Rumbo a lo desconocido (The Outer Limits en el original). Todos los que teníamos por lo menos 8 años en aquella época recordamos aún la ominosa -en el doblaje, al menos- Voz del Control diciendo en la presentación: "Su televisor no está descompuesto. No trate de ajustar la imagen: nosotros estamos controlando todo lo que usted vea y oiga", mientras en la pantalla se sucedían, todas juntas, las catástrofes que a un televisor de válvulas -como el Capehart de mi familia- podían ocurrirle: se desenganchaban el horizontal y el vertical, la imagen se hacía borrosa, etc., algo así como el equivalente catódico del pueblito protagonista de Añoralgias, la zamba de Les Luthiers. Y mi fascinación tenía que ver, especialmente, con uno de los episodios de aquella serie, titulado Estudio de factibilidad.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 4. Sólo en librerías o por pedido.

Rodolfo Walsh

Letras y ron

por Enrique Arrosagaray

Jorge Ricardo Masetti, autor de "Los que luchan y los que lloran" -un librazo lamentablemente de escasa circulación- invitó a Rodolfo Walsh a sumarse a la redacción de la Agencia Latinoamericana de Noticias Prensa Latina, con sede en La Habana, tal vez en marzo, o no más allá de abril, de 1959. Rodolfo estaba en casa de Poupée Blanchard, su esposa por esos días -Montevideo 1009, primer piso, Capital Federal- y "cuando Rodolfo terminó de atender esa llamada de Masetti desde Cuba, su cara cambió" cuenta Poupée.
Masetti estaba desde enero en La Habana, en pleno apasionamiento revolucionario y la conducción triunfante le acababa de encomendar la creación de una agencia oficial e internacional de noticias que pudiera romper el cerco de las grandes agencias norteamericanas. Pavada de desafío para esos barbudos y para el propio Masetti que no los superaba en edad y que, si bien tenía alguna experiencia periodística desarrollada en Buenos Aires -Canal 7, Radio El Mundo, etc- no podía ser un hombre extremadamente experto. Pero era lo suficientemente inteligente, apasionado y emprendedor como para sumarse a las huestes caribeñas verdeolivas.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 12. En quioscos y librerías.

Luis Pujals

o las puertitas del Sr. López

por Rubén Sacchi

EL CUENTO DEL LOBO
López soñó con el lobo. Soñó que el lobo feroz llegaba a su casa y soplaba para derribarla. Su morada era sólida y resistía; él, un albañil de oficio, conocía de construcciones fuertes y también de resistencia. López, dormido, entonces se relajó, sabía que esas paredes que él había levantado con pericia no cederían y que, a diferencia del cuento, no había chimenea alguna por donde la fiera se pudiera colar.
López despertó con una sonrisa aún en los labios. Entendía la parábola del sueño y que el salvaje animal debía ser encerrado. El lobo también lo sabía, el lobo se supo soñado por López y no sopló, se agazapó en las sombras y aguardó que el refugio se abriese en la inocencia de creerse seguro, en la equivocación de pensar que el lobo, aunque siempre asesino, estaba solo, viejo y sin fuerzas. López se calzó la gorra y abrió su puerta a la brisa matinal. Lo que vio fue la última imagen de la paz.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 12. En quioscos y librerías.

Morrison: El círculo infinito

La ciencia del chamán

Por Diego Luis Forte

El lugar que la leyenda de Jim Morrison ocupa dentro de la cultura occidental es innegable. Aún luego de treinta años su cara está impresa en remeras, posters, revistas, etc; y gente que jamás escuchó a The Doors (y mucho menos leyó sus poemas) reconoce el rostro. Su imagen ha llegado ha convertirse en un ícono social como la cara del Che Guevara. Pero más allá de este tipo de cuestiones, lo que aún subsiste es algo más que un rostro impreso. Una inmensa cantidad de detalles borrosos se cuentan sobre su vida, las drogas, las mujeres, los escándalos. Pero todos los elementos que constituyen la leyenda nunca permiten ver el verdadero concepto que subyace a ella. Por eso es que debe distinguirse entre mito y leyenda: la leyenda suele estar anclada en hechos reales y suele tener matices ficcionales agregados. Lo que importa es el contenido, quién hizo qué, cuándo, dónde. Los mitos requieren forma. No importa el cuándo y el dónde mientras se mantenga la forma básica, es decir, el qué. Es por eso que suele pensarse que es más importante el mito que el hombre. De hecho su estructura precede al hombre. El mito es una estructura permanente referida simultáneamente al presente, pasado y futuro. Morrison es el héroe con brillante armadura dispuesto a matar al dragón y abrir los caminos de la percepción. O abrir cualquier cosa. Es el héroe, y mientras pelee por algo el mito existe. Es más, ni siquiera es necesario que sea él: podría ser cualquiera peleando por cualquier cosa. La estructura lo es todo, la forma lo es todo. Eso es lo que queda de los mitos, la forma. Morrison fue plenamente consciente de esto, por eso prefirió dedicar su vida al mito, aunque surgiera inevitablemente la leyenda. Morrison sabía qué es el mito, sabía que es parte de una cadena, por eso debía mantener la forma del ritual. Descreía de la leyenda porque sabía perfectamente que no había nada detrás de ella, era sólo un grupo de elementos desordenados sin ningún tipo de conexión más que el personaje mismo.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 12. En quioscos y librerías.

El hombre con la guitarra

Entrevista a Walter Malosetti

por Jorge Hardmeier

Para mí la figura de Walter Malosetti reúne varias cuestiones, por un lado la de toda una generación del jazz argentino y por otra la de un tipo que hizo de la enseñanza y la transmisión una decisión de vida. Estas palabras -a las que muchos suscriben, sin dudas- las pronunció Daniel Gagliano, director del documental “Solo de guitarra”. El documental, estrenado en 2004, es un recorrido por la vida y las músicas de Walter Malosetti, el mismo que me recibe en su departamento: una mesa rectangular de madera, un pequeño aparador y un par de sillas conforman todo el mobiliario. De la pared cuelgan cuadros de Peterson, de su hijo Javier y de otros músicos. En una esquina del cuarto descansa una guitarra.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 13. Aparece en mayo.

Monogamia y adulterio

por Tomás Cardoso

Me referiré a una enseñanza de Jesús, que ha provocado gran confusión: ya saben lo que decían antes: "no debes cometer adulterio. Pero yo digo, que quien mira a una mujer para codiciarla, ya ha cometido adulterio en su corazón".
Ignoro qué pensará mi lector, pero en cuanto a mí, no ha pasado un solo día de mi vida en que no haya codiciado, no a una, sino a muchas mujeres. Indagar esa discordia ética es el objetivo de esta nota.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 13. Aparece en mayo.

La cultura de las grandes ciudades

por Rubén Amaya

Este infernal hacinamiento de seres humanos no es un habitat natural ni tradicional en la historia del hombre.
A mediados del siglo XIX, la revolución industrial produjo, entre otras cosas, el amontonamiento de los seres humanos en las ciudades que, finalmente, nos encierran.Un momento significativo se produjo en la Francia de Napoleón III. Habiendo resuelto la remodelación de París, se encomendó esta tarea a un empresario, Eugenio Haussman. Este tuvo presente el desarrollo de la insurrección de 1848 que, si bien había terminado con la monarquía, fue escenario también de la fraternidad de la guardia nacional con los obreros. Las calles de París fueron bloqueadas por más de 2 mil barricadas levantadas con los adoquines de las mismas calles angostas y sinuosas, dificultando la represión militar.
Su proyecto para la nueva ciudad descansaba sobre algunos de estos conceptos: "Aislar los grandes edificios, palacios y cuarteles, de manera que resultaran más agradables... y simplificaran la defensa en momentos de revuelta... Asegurar la paz pública por medio de la creación de amplios boulevares que no sólo permitieran la circulación del aire y de la luz, sino también el fácil acceso y movimiento de tropas. Con esta ingeniosa combinación, el destino del pueblo se verá mejorado y su continua disposición a la revuelta disminuirá".

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 13. Aparece en mayo.

¿Zeitun es nuestra civilización?

por Hugo Alberto Ojeda

Mientras escribo esta oración, un niño palestino es despedazado por un misil israelí. Viena, Zeitun, Las Flores, Rafah y Buchenwald. ¿Rally terrorista?
Bruno Bettelheim cuenta que los hermanos Hamber, nacidos en Viena a principios del siglo pasado, prisioneros judíos de los nazis, eran mano de obra esclava en Buchenwald. En un día lluvioso de octubre de 1940, fueron "bailados" por un sargento de los SS. A uno de los Hamber, al tirarse al barro se le cayeron los lentes en una zanja. Le pidió permiso al SS para recuperar sus cristales indispensables. El sargento nazi lo autorizó y Hamber se zambulló en el agua podrida de la zanja. No los encontró y se zambulló de nuevo. Lo hizo varias veces y al fin se resignó a la pérdida. Pero el SS lo obligó a zambullirse una y otra vez. Hamber quedó extenuado y se resistió a seguir metiéndose en al agua. Pero el SS lo forzó a hundirse de nuevo. Una y otra vez, hasta que murió ahogado.
El exceso de pasado.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 13. Aparece en mayo.

El fútbol como arte

por Eduardo Silveyra

El fútbol es un arte y también una manifestación cultural que se ha globalizado por el poder de los medios de comunicación y los intereses económicos, que mueven cifras que podrían ser una parte importante del presupuesto de cualquier país subdesarrollado. Pero ese no es el costado que nos importa ahora, el fútbol es generador de otras cosas: genera fantasías, ilusiones, fracasos, derrotas y triunfos. La misma materia con la que está hecha también la literatura. Por eso no es de extrañar que muchos escritores hayan publicado alguna vez un cuento, un relato o un poema, tomando como tema a este juego, en el que el espíritu dionisiaco se expande en una circulación que va desde la cancha a la tribuna. O al revés, estableciendo una relación entre la euforia y la desazón de la hinchada con el triunfo o la derrota de los que construyen el juego. De ese hecho nace una estética única.
No se equivoca Eric Hobsbawn al decir: Quien vio jugar a la selección brasilera, no puede negar al fútbol su condición de arte.
Un arte construido por artistas que a veces ignoran que lo son. El checo Milan Kundera, en relación a esto, escribe: “tal vez los jugadores tengan la hermosura y la tragedia de las mariposas, que vuelan tan alto y tan bello pero que jamás pueden apreciar y admirarse en la belleza de su vuelo”. Una justificación melodramática, pero acertada.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 13. Aparece en mayo.

El escritor de los caminos en el agua

Notas sobre Engranajes de sangre, segundo libro de Nicolás Correa

por Federico Cannizzaro

Frente a una multitud de sujetos hipereufóricos, un loco se sienta apaciblemente a tomar nota del hecho. La descripción es leída por un suicida que, sobre un acantilado, antes de saltar al vacío, arroja el manuscrito seguido de su cuerpo. El manuscrito se esparce por el agua, las hojas se deshacen y se pierden en la inmensidad del mar. Nada ha sucedido, el agua lo ha redimido para siempre.
Siete historias completan este manuscrito arrojado al mar. Siete Engranajes de sangre cuya incesante rotación es la perfección del libro. Siete son los escenarios que convocan una y siempre la misma voluntad: la acción que encuentra su fin en la desaparición próxima.
Los personajes del segundo libro de Nicolás Correa se enfrentan a un doble riesgo: soportar sus míseras condiciones de existencia y enfrentar al otro, no menos afortunado, que pugna por sobrevivir de tal modo en que sólo es posible existir anulando a su adversario.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 13. Aparece en mayo.

viernes, 17 de abril de 2009

Poema inédito

por Rubén Sacchi

Blanca

Otra vez los muertos
danzan este ritual
torturante.
No es su culpa.
La noche los convoca.
Vienen toditos
desde mi nostalgia
y mis recuerdos.
Ladran y maúllan en mi hueco,
como queriendo decir:
Dios no existe.