lunes, 27 de abril de 2009

Günter Grass:

a cinco decenios del desencanto

por Luis Benítez

Un rostro duro y desencantado -como la mayoría de sus páginas en prosa y verso- exhibe este hombre de 76 años que es uno de los mayores escritores europeos vivientes y figura clave de la literatura de la centuria pasada. La modernidad no puede ser concebida sin la presencia de Günter Grass y su obra, entre otras múltiples razones, porque le brindó al último medio siglo el estilo y la argumentación, más el tono escéptico necesarios para comparar y comprender la médula de los trasfondos y matices de las más optimistas intentonas de vanguardia, tanto en el campo político como en el estético. A través de toda su obra, Grass nos recuerda, una y otra vez, que detrás de las más pretenciosas ideologías, creaciones y actitudes de la cultura -entendida en su acepción más amplia, como el conjunto de las actividades de la humanidad- se esconde la fuerte verdad de que, en definitiva, ellas son su praxis, o sea, lo que terminan haciendo de ellas los hombres.

“Ein jung Günter, mein Oberbefehlshaber” -”Un muchacho Günter, mi comandante en jefe”- repuso el soldado.
Recién llegado a la barraca donde los oficiales y la tropa rasa alternaban por igual, el Oberbefehlshaber Von Läis se había interesado por el muchachito al que acababan de liberar de aquel campo de concentración norteamericano, justo en el momento en que él había sido trasladado.
El sargento de artillería que le había respondido su distraída pregunta agregó: -Era de la Luftwafe, Herr Oberbefehlshaber. Creo que auxiliar de tercera o algo así. Estaba herido cuando llegó al campo.
Pero ya el Oberbefehlshaber Von Läis había perdido todo interés en ese muchachito alto, demacrado y de aire infantil -futuro Premio Nobel de Literatura- que había visto salir hacia la libertad. Después de todo, al chico le esperaba la vida civil y a él Nuremberg.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 9. En quioscos y librerías.

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