lunes 29 de agosto de 2011

Editorial - Diciembre 2004

Aún sonaban los cánticos futboleros de aquel 25 de junio, festejando el triunfo del equipo argentino frente a los holandeses. Ellos se iban sin la copa, pero llevaban su dignidad: se habían negado a recibir medallas de las ensangrentadas manos del dictador Videla. Crónica se apuró a titular "¡No hay tierra como la nuestra!", mientras La Razón afirmaba : "Una respuesta al desafío de los profetas del odio". Pero la realidad era que en Argentina, país triunfador y generoso para algunos, todo aquel que apostaba a .una patria más solidaria, sin más desaparecía.

Las fuerzas armadas cargaban con todo lo que se oponía a su, tan mentada como inasible, figura del "ser nacional"; la masacre de argentinos sólo se equiparaba a las desapariciones forzosas. La tortura pasó a ser el arma preferida del gobierno y el exilio una opción más que válida para salvaguardar la vida. Todo ámbito y disciplina eran propicios a la represión, y la cultura no escapó a la razzia. Cualquier revista clarificadora fue prohibida, las editoriales intervenidas y saqueadas, llegando al pináculo de la barbarie con la quema de un millón y medio de libros editados por Centro Editor de América Latina, el 30 de agosto de 1980.

Fue así que nació una tremenda necesidad: la de resistir. De esta manera se gestó Lilith, una revista alternativa originada en charlas interminables e imperativos acuciantes. Un medio de expresión que circulaba por carriles subterráneos, pero llegaba a todo rincón donde brillara un rayo de luz. Mucha fue la gente que pasó por su staff con su valioso aporte y solidaridad. Hubo hasta quien se animó a poner un anuncio, para colaborar económicamente con nuestra subsistencia.

Entonces Lilith creció, pero no en páginas (que disminuyeron) sino en adeptos y circulación. Se sumaron colaboradores y corresponsales en casi todas las provincias y también en diversos países del mundo. Llegó a integrar el Salón de Revistas Internacionales del Centro Pompiduor, a leerse en Suecia y hasta en Japón. España, Italia y el mismísimo corazón del imperio: Manhatan, fueron otros tantos sitios abarcados por nuestra humilde tirada.

Desde las páginas de Lilith fue denunciada la represión y desaparición. Se advirtió sobre el efecto invernadero y los plásticos cancerígenos, cuando la ecología era materia "no programática". Fue difundida la cultura prohibida por la dictadura y por los censores de siempre, que sólo veían brillar el signo monetario entre linotipos y rotativas.

Hoy continuamos el arduo y dulce camino que echamos a andar hace mucho tiempo, por el hábito de la reincidencia. Renovados, pero con igual espíritu. El poder es el de siempre y sigue del mismo lado. Muda de formas y hasta de rostros, pero no de manos ni de fines. Por eso es que el resto de las cosas no se modifica: la misma miseria y falta de horizontes de nuestra gente, hoy agravada en exceso. Nos acompañan muchos de aquellos queridos nombres con los que cubrimos las primeras inexpertas páginas; también hay. otros nuevos, continentes de análoga fuerza y entusiasmo.

Nuestro objetivo es cuestionar, replantear, investigar, crecer y comprender. Llevar ideas nuevas y romper con los esquemas y moldes establecidos, lo que equivale a decir: enfrentar el poder ya que pensamos, como Heráclito, que lo único permanente es el cambio. Detestamos los tabúes, el oscurantismo y la censura. El mejor jurado de selección de la cultura es su receptor final: el pueblo, palabra que nos abarca e implica una experiencia unificada y un destino común.

Lilith pretende ser una publicación viva, por ese motivo seremos el eco de la expresión de nuestros lectores y referentes de sus inquietudes. Esperamos que quien tome contacto con esta revista se manifieste en ella y participe de la hermosa experiencia de su construcción. Los mecanismos de ida y vuelta deben ser la brújula permanente de cualquier medio gráfico que apunte a un crecimiento de la mano del lector y represente sus intereses ya que, como dijo Mario Benedetti.“la verdadera proeza es realizar la conquista con medios dignos, es decir, no bajando el arte hasta el nivel del público, sino elevando el público hasta el nivel del arte”.

Hoy, desde estas páginas, y desde una cultura y una educación absolutamente devastadas, retomamos el camino iniciado en aquellos años. Quien busque en Lilith respuestas, se equivoca, pero sí hallará todas las preguntas, para que el colectivo elabore las opciones y descifre el acertijo. El molde impuesto en nuestra sociedad es el de la pasividad. Paradigma de esa actitud es el lugar y papel reservado a la mujer, por eso el nombre de nuestra revista: Lilith, el que se intentó acallar. El nombre de la primera mujer, de la rebelión primigenia frente al poder impuesto arbitrariamente, de quien llegara a cuestionar no sólo a su pareja, sino que se atreviera a desafiar hasta al mismísimo Dios.

Publicado en la edición impresa de Lilith Nº 1. Sólo en librerías o por pedido.

lunes 21 de marzo de 2011

Formas de la felicidad

por Tomás Cardoso

Tal vez escribir sea una de las actividades más inútiles del hombre y una de las más placenteras. Sólo leer puede llegar a ser aún más placentero, leer y vivir, y soñar, tres nombres para una misma idea. Todos tenemos una Voz, o Voces (es lo mismo, el monoteísmo es una de las caras del politeísmo y viceversa) que nos guían a la hora de emprender este sinuoso camino de palabras, y esas Voces, en mi caso, deben ser un medio para la alegría, o no ser. Adhiero a aquella declaración de principios de Scholem Aleijem: “Que otros se regocijen en relatar hechos tristes, mi Musa es una Musa alegre”.
Refiriéndose a Chesterton, Borges escribe: “Pudo haber sido Kafka o Poe pero valerosamente optó por la felicidad o fingió haberla hallado”. No importa si esa felicidad es fingida, ya que no hay nada que íntimamente no lo sea, y fingir la felicidad ha de depararnos recompensas mayores que fingir la tristeza, acaso porque es una empresa más difícil. Tal vez sea difícil a causa de su simpleza esencial; todo aquello que vale la pena conocer es simple y parece complicado. La intuición es nuestra compañera en esa búsqueda. Lennon canta en Intuition: “Juego el juego de la vida, y trato de hacerlo mejor cada día”. Que la vida es un juego lo demuestran nuestros sueños; que es un juego cruel, nuestra vida despierta. El sentido común puede inducirnos a patear el tablero (“la vida es una cárcel con las puertas abiertas”, Calamaro), pero mejor es sentir las cosquillas del corazón y entregarse al juego con una sonrisa. Recuerdo una entrevista a Joe Strummer donde exponía su concepto del rock'n'roll: “El mensaje final es que estar vivo es algo bueno, divertido y, sin duda, es mucho mejor que estar muerto”.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 9. Sólo en librerías o por pedido.

miércoles 6 de octubre de 2010

12 de Octubre: El primer día de la resistencia

por Marcelo Valko (*)

Ciertamente conmemorar un día entre los 365 que tiene un año, no sirve de mucho, apenas para cumplir con el mandato del calendario. Pero si la fecha en cuestión es el 12 de octubre, el asunto adquiere otro matiz. Hasta no hace mucho, cuando estudiábamos en la escuela, festejábamos el Día de la Raza que consistía en celebrar la “providencial” llegada de Colón para “descubrir” estas tierras alejadas de la mano de Dios que confundieron con “Las Indias”.
Hasta no hace mucho, se hacía un poderoso culto de la desmemoria, en realidad se le imponía a la sociedad toda, una pedagogía del olvido y la mentira. Justamente la desmemoria busca borrar culpas, busca mirar para otro lado, procura la inocencia imposible, aspira a que todo siga como está. Pero como ya lo dijo Borges: “solo una cosa no hay y es el olvido”. Y como agregamos nosotros, no existe el olvido porque existen huellas, evidencias, testigos, realidades y documentos que denuncian con toda claridad lo ocurrido. Y todo esta concatenado, y toda está en relación. Justamente los defensores del Día de la Raza , son los mismos que defienden el genocidio perpetrado por el esclavista y anti-obrero Julio Argentino Roca, son los mismos que durante el Proceso de Videla coreaban aquella absurda letanía “por algo será” que repetían como si se tratara de un axioma filosófico capaz de explicar lo imposible de explicar o justificar, como fue la desaparición de decenas de miles de ciudadanos y hasta el secuestro de 500 bebes, de los cuales, felizmente, ya casi un centenar ha sido recuperado.
De un tiempo a esta parte, desde distintos ámbitos educativos, centros culturales, concejos deliberantes, secretarías de culturas municipales, sindicatos y del Congreso de la Nación , comienza a cuestionarse la celebración del “Día de la Raza”. Cada vez es mayor el consenso que no acepta celebrar con júbilo esa invasión. Por ejemplo, en múltiples actos, se conmemora el 11 de octubre como “ultimo día de la libertad americana” y esta bien que así se haga. Es necesario. Sin embargo, en nuestro caso, preferimos celebrar LO PRIMERO en lugar de LO ULTIMO. Preferimos conmemorar el 12 de octubre como el PRIMER DIA DE RESISTENCIA ante ese ultraje, ante esa ocupación criminal que fue la Conquista , que esta tan pero tan lejos de haber sido un edulcorado “encuentro de culturas”.
Por supuesto, algo de este efecto “edulcorante” se advierte en el traslado del feriado del 12 de octubre al primer lunes, para “aprovechar el fin de semana largo”. De ninguna manera se puede comprender o justificar, semejante traslado de una fecha que recuerda el mayor genocidio de la historia de la humanidad. ¿Ustedes se imaginan a los japonenses moviendo la conmemoración del estallido de las bombas atómicas del imperialismo de Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki para aprovechar un fin de semana largo? ¡Es inconcebible!
Actos como los que estos días se están realizando en todo el país, sirven, no para terminar, pero si para herir a la pedagogía de la amnesia y la desmemoria de lo que fue el mayor genocidio de la historia mundial. Estos actos que se multiplican indican un cambio, algo está cambiando, hay deseos de terminar con un país y una historiografía que festeja los genocidios y encumbra a los genocidas.
Los Hernán Cortes, los Francisco Pizarro, los Julio Argentino Roca, los Jorge Videla deben quedar atrás de una buena vez. Deben quedar atrás aquellos racistas que no pueden aceptar la condición humana del indígena, aquellos que necesitan que los pueblos originarios mantengan su lugar de siervo de la gleba, de combustible biológico, de bárbaro sin raciocinio ni cultura, de sirvientes, en definitiva: de esclavos ante la sombra del amo.
Justamente para terminar con ese racismo, para acabar con esa discriminación, nos complace sobremanera esta multiplicación de contrafestejos, y las luchas que se derivan de ellos como las que se están protagonizando en tantos lugares del país para sustituir el malsano nombre de Conquista del Desierto y al genocida Roca.

(*)Prof. Titular de la Cátedra “Imaginario Étnico, Memoria y Resistencia”
Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo

viernes 20 de agosto de 2010

Y esas ganas tremendas de llorar

por Rubén Sacchi

un aire escapa por la boca
silba un viento la garganta
no es el fueye dormilón
es sordo sonido de miseria
no es acorde de arrabal
es el alma saliéndose del cuerpo
adelantándose a la vida
jugando en fatal orsai
y ya está
¿qué verdad se puede confesar?
-tanto fuego a la amargura
si no hay amigo que se hundió
si no hay ella que vuelva del ayer
si de rayón, ni la mortaja.

El hombre sin nombre

por Roberto Laganá

¿Cuál es el nombre de ese hombre
tan olvidado que ya no tiene nombre?
Que pasó vísperas quemando sueños
en las volátiles llamas de la libertad.
Sostenido por el aire y una sonrisa,
y que aún sobrevive en inciertos territorios
sin llorar la defunción de otros que se inmolan
con la audiencia de un dios permisivo
a dos décimas de la vida y su muerte edénica.
¿Quién devuelve los honores al espermatozoide
que abnegado luchó por ser materia y espíritu
después de escalar peldaños de sangre
en la congoja de un tiempo que aún no llega
y sin saber el nombre de ese hombre?
¿Quién asciende la línea de la transparencia
y halla la roca que a mitad de camino
Sísifo dejó en la sórdida montaña?
Todo sucumbe en tierra de nadie.
Un cráter de bomba sucede a otro cráter
y el invasor deviene su propio enemigo
y la A y la Z entrechocan sus espacios.
La anatomía de un hombre
que ya no tiene nombre estalla en pedazos
con la licencia de un dios permisivo.
En una orilla sin márgenes,
de infinita vastedad y sin ecos
un niño juega al estallido
más allá de los salmos.

Pensamiento colonial, idea de periferia y sistema educativo en Argentina

por Diego L. Forte

Definir el término mentalidad colonial parece ser sencillo a priori, pero a medida que nos internamos en su construcción comprobamos que la tarea no es tan fácil como parecía en un principio. Más aún cuando debemos buscar la definición dentro de un conglomerado gigante de variables sociales como es la construcción de una identidad nacional. Las modernas identidades nacionales, tal como fueron concebidas por la Europa del siglo XIX, unificaban grandes porciones de terreno (y gente) a partir de puntos en común, en realidad a partir de una lengua en común. Del otro lado del Atlántico la situación parecía no muy diferente, pero al constituirse las identidades nacionales en América, la adaptación del modelo no fue sencilla. Si bien la diversidad lingüística presentaba características similares (en lo que a variedad de lenguas se refiere) la situación presentaba particularidades locales. Quienes gestaron las revoluciones y los procesos de independencia eran personas provenientes de países europeos, por lo cual las identidades nacionales americanas se desarrollaron, al menos en un principio, en base al concepto de identidad europeo. Pero la diferencia radical que no puede dejar de notarse aquí es la siguiente: mientras que las naciones europeas construían su identidad a partir de rasgos que definían como propios, los países americanos tomaban los modelos de sus respectivas madres patrias para sus propios proyectos. Esto generó una continuidad ideológica de la cosmovisión europea en el nuevo continente, lo cual permitió la importación de muchos elementos que venían en el paquete con el concepto de nación.
Siendo prácticos y concisos, podemos definir escuetamente periferia al modo del diccionario: algo es periférico respecto de una cosa cuando se encuentra fuera de sus márgenes o alejado de su centro. Apegándonos a esta definición minimalista podemos afirmar que las naciones americanas concibieron su identidad dentro del marco de la cosmovisión europea. Su cultura era europea, también sus valores. Sin hablar de la sangre, la cultura que formó las identidades americanas fue totalmente europea. Pero el centro, el lugar de nacimiento de esos valores estaba al otro lado del Atlántico, por lo cual estas identidades, quisieran o no, eran periféricas.
Históricamente, Argentina ha mirado a Europa primero y a Estados Unidos después, como los lugares centrales. Se ha pensado a sí misma como periferia. París y el iluminismo han sido la cuna de la civilización para Buenos Aires. Esta mentalidad colonial argentina, como parte de la identidad nacional ha sido bastante estudiada, sobre todo por la crítica literaria. La forma en que el argentino medio de finales del siglo XX y principios del siglo XXI observa a Europa y Estados Unidos, el bombardeo constante de los medios locales menospreciando, explícita o implícitamente, de manera constante las actividades desarrolladas en el país comparándolas con equivalentes extranjeros, es algo fácilmente reconocible.
Ahora bien, decir que un elemento ideológico forma parte de la constitución de una identidad nacional es una cosa. En el principio siempre hubo una idea. Lo que no se ve con tanta facilidad es la forma en que esas ideas se perpetúan y reproducen en un marco social dado. Cada nación (al menos dentro del modelo europeo) escoge una serie de valores, conceptos y elementos de diversa índole que considera decisivos a la hora de definirse, al momento de decir esto es lo que somos. Dentro de esos elementos podemos encontrar algunos que pueden verse claramente: lengua, religión, literatura, artes en general, ideas y modelos políticos, etc. Otros no se ven tan fácilmente y estos son, justamente, los elementos que se codifican en la lengua, la segmentación más básica del mundo, las ideas que no se discuten, como por ejemplo el hecho de que Europa es el centro y nosotros periferia.
Althusser le otorga a la escuela un rol decisivo dentro del marco social, la define como uno de los aparatos ideológicos del estado, esto es, uno de los elementos que perpetúan la ideología de la nación. Desde este punto de vista, la escuela no es transmisora de cultura sino reproductora de ideología. Todos esos elementos que el estado concibe como constitutivos de la identidad nacional son transmitidos a través de la educación básica.

Nota completa publicada en Revista Lilith Nº 14, en quioscos y librerías

Políticos y votantes

Por Tomás Cardoso

Cansada del yugo del despotismo, agobiada por el peso de las tiranías que la pusieron de rodillas a lo largo de los siglos, la humanidad necesitaba dar con una idea espléndida, brillante como la Razón, o mejor aún, como ese rayo que una tarde tormentosa en Philadelphia (ciudad célebre por este experimento, y por otro, no tan afortunado) Benjamin Franklin atrapó en una llave, y en cambio, la humanidad encontró la Democracia, o Demagogia, dos traducciones posibles del griego de un sistema que Aristóteles (Política, Libro III) describe y recomienda no seguir. Pronto se descubrió que debajo de su caperucita roja, la inocente niña ocultaba las tremendas fauces de un lobo, con su hambre mal saciada, sed insensata y una vocación de mal nunca antes vista. Un soldado de las Cruzadas, con su oscura mirada de buitre y sus tres dientes rojos, y las alforjas de su caballo cargadas con los despojos robados a los hombres que le dieron sangre a su espada, rompería a llorar como un niño al que la madre acaba de soltar la mano, si por un instante tuviera la desgracia de asomarse a nuestro campo de batalla de todos los días, con sus ejércitos de muñecos de camisa y corbata que nos sonríen desde los carteles publicitarios, con arrogancia de bravos caballeros, aunque sus brazos no tengan la fuerza que se necesita para levantar una espada.
Esta época en la que vivimos no será recordada (como sospechamos al principio) como una segunda Edad Media, sino como una segunda Prehistoria. “Cuando un hombre estúpido hace algo de lo que se avergüenza, dice que es su deber”, escribió George Bernard Shaw en 1901, el primer año del siglo más criminal que guarde la memoria y, aunque ya hemos cruzado la línea de otro siglo, aún seguimos comportándonos con la misma cobardía: hacemos lo que nos ordenan que hagamos, siempre y cuando nuestra seguridad jurídica y nuestras posesiones no se vean amenazadas. Entre otros tantos deberes absurdos que nos seguimos imponiendo (por simple reflejo, del mismo modo en que una gallina sin cabeza da unos pasos antes de darse cuenta que ha muerto) el de votar a nuestros funcionarios públicos acaso no sea el más inofensivo.

Nota completa publicada en Revista Lilith Nº 14, en quioscos y librerías.

Editorial Lilith Nº 14

Mientras escribía estas líneas, bajo el eco de las recientes catástrofes, recordaba el título del maravilloso film de Luchino Visconti: La terra trema. La película, filmada en escenarios naturales y con artistas seleccionados entre los habitantes del lugar, refleja la explotación a que eran sometidos los pescadores en la Sicilia de posguerra. Una historia signada por el dolor y la desgracia en ese suelo volcánico, tierra sometida a violentos temblores similares a los que, interiormente, sacudían las almas de sus moradores.
Hoy, nuevamente tiembla la tierra, pero no en una pequeña isla mediterránea, lo hace alrededor del planeta. Tiembla, además, el alma de los trabajadores a manos de la desocupación y la explotación. Ayer y hoy, uno y otro sismo son producto del sistema de producción capitalista.
Se habla de movimientos inducidos, algo que no debiera sorprendernos si abrimos la mente, por ejemplo, a las innumerables pruebas acerca de la implosión inducida de las Torres Gemelas. Sin embargo, aún en la posibilidad de que el proyecto de la Fuerza Aérea Norteamericana denominado HAARP, para control y modificación del clima, y el desarrollo de los estudios de Nicola Tesla sobre los campos electromagnéticos naturales sean inocuos, podemos concluir que la destrucción sistemática del medioambiente a manos de los paises más poderosos son causa necesaria y suficiente para sufrir estas consecuencias.
Por desgracia, los grandes males no quitan las dolencias cotidianas. En Lanús Este, el joven de 29 años Matías Pena, que había sido detenido por una pelea sin mayores consecuencias, a menos de una hora de encierro aparece “suicidado” en su celda, ahorcado con su propia remera.
Los profesores de física aún se preguntan cómo es que la mayor parte de los terremotos se producen a la misma profundidad, también investigan de qué manera Matías, de 1,90 mts. de altura pudo colgarse de una reja de ventilación a 1,60 mts. y elegir esa postura tan incómoda para dejar el mundo como lo es la de estar en cuclillas. Materia de la psicología ya es la decisión de partir, pleno de salud, rodeado de amigos y padre de tres hermosos hijos.
No todo es oscuro. Acabamos de participar de las Jornadas por la Memoria realizadas en la ciudad de Junín, invitados por S.U.T.E.B.A. Allí presentamos la revista ante una nutrida concurrencia de alumnos de los distintos niveles del colegio secundario y algunos docentes locales y de ciudades aledañas. También participaron Madres de Plaza de Mayo de La Plata y las Abuelas.
Pero como dicen los viejos: “el diablo siempre mete la cola”, un grupo de veteranos de Malvinas solicitó un espacio para hablar de su problemática. En un momento de la exposición, una alumna, editora de la revista Deténgannos, lo inquirió acerca de su posición frente al genocidio a lo que el interrogado, visiblemente molesto, contestó que no lo hubo, que fue una guerra contra la subversión. Todos los jóvenes reaccionaron poniendo en su lugar a los provocadores, desenmascarando sus reales intenciones y evidenciando a todos los presentes que no hay reconciliación posible con los asesinos de los 30 mil compañeros de ayer y los López, Luciano y Matías de hoy, que el único camino viable es el que pasa por la MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA.

jueves 20 de mayo de 2010

Parlamento Secreto

por Carlos Patiño

“Estos huesos brillando en la noche
estas palabras como piedras preciosas”
Alejandra Pizarnik

Ardillas ojeras diminutas
nuestras palabras juntas ruedan desde el
fondo del pecho
abren
desnudan
mundos
casi siempre
cerrados al ajeno
airean
caminos recoletos
andados cada quien por su lado
cuando ni vos ni yo somos ni éramos.

Estamos
al mando de la noche
cuando la luz es tenue y nubla los
entornos
asordina las voces
escurre la memoria.

A veces nuestros dedos tienden a endurecerse
cuando cruzan la bruma de ayeres ordinarios
y acuden
terrores y desdichas
dolores y secretos
musitados
dolidos
ocultos
en cajas de zapatos
doble vuelta de amarra.

Y soltamos también a cabalgar estrellas
nuestro mismo lenguaje
vagabundo en creaciones:
ese único mundo disponible
para hacer un nosotros.

En esta opaca luz
todo se ha dado vuelta:
en lugar de no vernos
cada palabra más
brillamos uno al otro
cada palabra
como ardillas ojeras diminutas.

jueves 29 de abril de 2010

Lilith:

La Vera Historia

por Rubén Sacchi

UNA CUESTION DE SIGLOS

Cuando Emile Cioran sentenció "el mero hecho de existir es tan terrible que, comparado con él, Dios es pura bagatela" planteaba una cuestión concreta: la vida podría provenir de la divinidad, pero tal entelequia sólo sería pasible, no ya de superarse sino al menos de paliarse, dando la espalda a la existencia o no del creador en cuestión, ya que la propia supone por sí misma un universo difícil de digerir. Pero la disquisición del filósofo rumano no era novedosa. Miles de años antes de Cristo, Lilith, la primera mujer, pateaba el tablero del génesis y decidía que vivir era más importante que amar al dios que la había creado. Transgrediendo así el primer y fundamental mandamiento, mucho antes que Moisés, en el monte Sinaí, recibiera las tablas de la ley.
Desde que el mundo es mundo, no hay crecimiento individual si no se rompe con el esquema paterno. Si no se tuerce el mandato ancestral. La disyuntiva es: prolongar la vida de nuestros padres o vivir la propia, inventarla y recrearla a cada instante. Y esa fue su decisión. Pero Lilith no se quedó allí. La ruptura del modelo incluía la figura del macho dominante. Figura continente que limitaba el ejercicio pleno de su vida, su goce, su placer.
En pos de su independencia, renunció a la protección masculina, al hogar y, sobre todo, a la familia tradicional, eje en el que gira la estructura burguesa de la sociedad y se origina un sistema de explotación basado en el poder y la discriminación.

Más allá de las distintas leyendas que dieron origen al mito, Lilith simboliza hoy la igualdad de la mujer en una sociedad que aparenta darle libertad y participación, pero sólo enmascara su intención de metamorfosearla en objeto de consumo suntuario. Lilith: la condenada. La rebelde e insatisfecha se ha multiplicado en cientos de mujeres que dieron su felicidad y hasta la vida, por un mundo justo, más digno de ser vivido.

PALABRA DE DIOS

"Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra; y los bendijo Dios, diciéndoles: Procread y multiplicaos, y henchid la tierra;" Estas palabras, tomadas textuales de La Biblia, nos dan una imagen clara de la creación: hombre y mujer en un mismo acto, igual mandato y una sola bendición. Este matrimonio primordial, ejemplo de la perfección celestial, debía ser, por ende, el paradigma de la felicidad. Pero no fue así. Adán y Lilith nunca encontraron la paz ya que ella, considerándose su igual, no quería adoptar la postura recostada debajo de él durante el acto sexual. Exclamaba: "¿Por qué he de recostarme debajo de ti? Yo también fui hecha de polvo y, por consiguiente, soy tu igual".
Lilith acudió a Dios con sus reclamos de igualdad y éste, por toda respuesta a sus planteos, le impuso la orden de sumisión. Ella postulaba su igualdad por provenir del mismo barro y respirar el mismo aliento, por lo que no acató la directiva divina. No era débil ni inferior, no dependía de los favores de Adán y, antes de someterse y renunciar a sus principios, decidió abandonar el Paraíso.

EL BIG BANG DEL EDEN

La tradición judía, al igual que muchas culturas de la antigüedad, da un valor esencial a la palabra. Considera que todo nombre verdadero abarca las características de lo que alude, por añadidura es posible conocer su esencia, lo que permite adquirir sobre lo nombrado un poder especial. De allí que a Dios se lo considere El Innombrable y sólo se lo pueda sustantivar en forma genérica, ya que mencionarlo equivaldría a un acto de soberbia superlativa. Su verdadero nombre, que nadie conocía, fue revelado a Lilith por el Supremo, víctima de su seducción. Dios le dio alas, a semejanza de los súcubos y así pudo abandonar el Paraíso. Lilith se estableció, desde entonces, en una cueva a orillas del Mar Rojo.
En su nueva residencia tiene como amantes a los Demonios del mundo y desova cientos de miles de nuevos Demonios. Allí llegan en su búsqueda Senoy, Sansenoy y Semangelof, tres ángeles que el Creador envió con la misión de llevarla de vuelta al Edén, so pena de ultimar cien de sus hijos-demonio por cada día que mantuviera su negativa. Lilith decide que esa suerte, aún, es mejor que la vuelta. Los ángeles cumplen su amenaza y ella, furiosa, ruge un juramento que hasta el propio Yahvé escucharía: en venganza por su dolor, mataría a los hijos de Adán, atacaría a los niños y a sus madres durante el nacimiento. Vaticinó también que los recién nacidos niñas estarían en peligro por veinte días y por ocho los varones. Y fue más allá, para compensar la pérdida de sus vástagos, dijo que atacaría en sueños a los hombres para robarles su semen, con el que daría nacimiento a más niños-demonio, que ocuparían el lugar de los asesinados.
Dios no podía contener la tristeza de Adán, por lo que se dijo: "No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda proporcionada a él."… "Hizo pues, Yahvé Dios caer sobre el hombre un profundo sopor; y dormido, tomó una de sus costillas, cerrando en su lugar con carne, y de la costilla que del hombre tomara, formó Yahvé Dios a la mujer, y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: 'Esto si que ya es hueso de mis huesos y carne de mi carne'".

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 2. Sólo en librerías.

China

por Eduardo Silveyra

Extenso mar vibra en la arena,
el sol calcina osarios y ruedan secos los pastos del verano.
Todo parece a un paso certero de la muerte
y tengo un año más y menos tiempo.
Una gaviota agita sus alas,
otra las despliega… planea en el aire
y corta al cielo inmenso de angustia y azul.
Cielo cortado con las alas de un pájaro
cae
sobre
mis ojos
cegados…
y en el sueño, un hombre, con los cuernos de hielo,
la mirada de hielo
y el corazón de hielo,
repite: Mañana y mañana y mañana…
Y así el mañana, se torna un recuerdo
del que yazgo tirado en un pedazo de pampa.
Cuando así sucede, se me abren los ojos y digo:
He tenido un mal sueño
y me exilio en amores surgidos antes que el tiempo existiese

II

Me niego la visión ante sonidos precisos…
El sol quema mi cara
y ruedan, ruedan, ruedan por la arena,
los ovillos de pasto,
las madejas hurañas,
en ese territorio de vaho, eterno y plano.
Entonces, recuerdo a un amigo, que tenía un amigo en quien confiar.

III

En la planicie de estos silencios,
Una esfinge se pregunta y se responde a si misma…
la vida es muy corta para dedicarla a un solo juego.
El juego de pensar lo inacabado.
Los pensamientos crecen como flores absurdas
y se derraman como un vaso de agua,
semejante al agua de las lágrimas de unos negros.
Y en el mar, la luz
crece – decrece – crece.
Así hasta el infinito
en el que enmudece toda letanía.

IV

¡Aijuna! Otra vez en este cielo repetido, multiplicado,
tenso como bordona de milonga.
Tentado de universo sordo se evade el tiempo…
las coplas me van brotando…
y bajo la ramazón alguien templaba la garganta… el encordado…
Como agua de manantial…
Y tal vez era mejor un tango, pero,
la inmensidad era un gusanillo
e Ícaro no deseaba un cielo, sino otro laberinto.
Y ahora es el mañana.
La inmensidad repetida en un espejo.
Un espiral.
Un gusanillo que presagia el fin…
Y quizás este poema sea China.
Tal vez, yo sea China… ese territorio…
Las divinidades no me son ajenas.
No ajeno el dragón.
El silencio.
La multitud o los pájaros asimétricos en el cielo tierra siena.
A veces, muda el espanto.
A veces, muda el color.
Entonces, qué invocar…
Los días alegres.
Los días tristes.
Los días perdidos
o mejor nada, después de tanta resurrección,
pues, solo tengo un año más y menos tiempo.
Y ruedan – ruedan los pastos en la arena,
naufragan en el mar,
donde los hombres emergen con cabezas de tortugas
y repiten:
mañana y mañana y mañana…

Del libro "Poemas del Pez Amarillo". Editorial Libros de Tierra Firme. Bs. As. 2004.

lunes 26 de abril de 2010

De lo invisible del tiempo

por Julio Oscar Peralta

....huesos abandonan la carne ausente,
la imagen desaparece con todas sus formas
y el recuerdo prevalece como quebrado suspiro
en el silencio de un mundo Dado-vuelta....

Necochea, prov. de Buenos Aires. Contacto: juliooscarperalta@hotmail.com

jueves 22 de abril de 2010

En una de tantas oscuridades

por Julio Oscar Peralta

...las galletitas del no-salvado
acucian al sonámbulo
que ejerce poder sobre su insomnio
acribillado a mansalva
por trozos barbituriqueados
de pequeñas dosis clonazepánicas
para que el sueño llegue
con su golpe certero...
mientras tanto
algunos mates salvan el instante...

Necochea, prov. de Buenos Aires (el mar)

martes 20 de abril de 2010

La habitación 325

por Ivana Bodrozic Simic

Los traductores tienen el derecho
de no traducir el término.
El mundo sucede alrededor de mí.
Yo vivo en un hotel
y cada día, cuando voy a la escuela
dejo la llave en recepción
en la pequeña casilla nº 325
un poco menos pequeña que la habitación
en la que vivimos
mi madre, mi hermano y yo,
y el televisor que un día
tal vez nos diga
dónde está mi padre.
Hasta entonces tres de todo:
camas, tazas, cucharas,
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,
y como cobardes compramos
tres de todo
como si ya no
contáramos con él.
Y hay un cojín para sentarse
hecho de la piel
de su chaqueta que
mi tía salvó de Vukovar,
es más o menos todo,
a mi madre nadie,
nadie
la salvará,
ella pasará años en el pequeño baño
de la habitación 325
escribiendo cartas a mi padre
que está DESAPARECIDO.
Éste es el término oficial.

miércoles 17 de marzo de 2010

Si el papel higiénico y la servilleta son hermanos

por Hugo Alberto Ojeda (*)

si el papel higiénico y la servilleta son hermanos
lo mismo que el papel de envolver y el papel de diario
si todos los papeles son hijos naturales de la muerte de un árbol
cuál será el porcentaje de la pureza de este mal poema
escrito en papel-carta-vía-aérea

si el poema debe agradecer los servicios prestados
al obrajero que cortó el árbol lo mismo que el obrero de Celulosa
al vodka nacional lo mismo que a la máquina de escribir
a la música de Los Jaivas lo mismo que a los senos pequeños de mi esposa
¿existe el poeta?

¿es su trabajo un esfuerzo que sirva para algo en los límites
de la realidad?

o todo este simulacro es apenas
un papel escrito
para que mi esposa se limpie los labios que ella
nunca se pinta.

(*) Poeta de Granadero Baigorria, Santa Fe.

Publicado en el Nº 6 de El Pibe Sietecolores, septiembre de 1979. Publicación dirigida por Jorge E. Reboredo.

Retrato proletario

por Williams Carlos Williams (*)

Una joven alta sin sombrero
con delantal

Su pelo cogido atrás parada
en la calle

Un pie en calcetín la punta
en la acera

Su zapato en la mano. Mirando
atentamente adentro

Le saca la plantilla de papel
para dar con el clavo

Que la ha estado lastimando

(*) Poeta norteamericano. Traducción de Ernesto Cardenal (Nicaragua).

Publicado en El Pibe Sietecolores Nº 6, septiembre de 1979. Publicación dirigida por Jorge E. Reboredo.

Para Fernanda

por Jorge Omar Altamirano

Niña
no viertas la miel de tus sentidos
en los zanjones verdosos
del mundo que te muestran.

Niña
no apagues tu sed de colores
con el agua nefasta
del delirio que ronda las ciudades.

Niña
no quiebres tu cansancio
en las almohadas
del empedrado y las visiones etéreas.

Niña
espera que las manos que tu tomes
estén limpias de guerra y mutaciones.
Espera que los príncipes asomen
a tu puerta entornada,
pero no recibas a todos en tu cuarto.

Diles que el verso que está en tu cabeza
antes deberá ser descifrado.

Publicado en El Pibe Sietecolores Nº 5, junio de 1979. Publicación dirigida por Jorge E. Reboredo.

viernes 26 de febrero de 2010

Potosí,

Un cuento del Tío

por Rubén Sacchi

El grito ancestral
Fue Viracocha quien habló al inca Huayna Cápac, diciéndole: "Ve y conquista las tierras al sur del lago Titicaca en nombre de tu dios y el pueblo quechua". El cacique, ya enfermo, se dirigió hacia las termas de Tarapaya llegando en 1462 al sitio que hoy ocupa la ciudad de Potosí. Allí, su mirada se extasió al observar de frente al maravilloso cerro Sumaj Orcko (Cerro Hermoso), nombre con que los aborígenes llamaban al Cerro Rico que, antes de la superexplotación del hombre blanco se elevaba, señorial, 5.183 m sobre el nivel del mar. Era un cono casi perfecto de una legua de perímetro.
Huayna ordenó a sus huestes explorar la montaña; al intentar excavarla oyeron un terrible estruendo y de sus entrañas una voz les advirtió: "No es para ustedes, Dios reserva estas riquezas para quienes vienen de más allá". ¡Potojsi!, vocablo aymará que significa "que truena o revienta" dio origen al nombre del poblado, marcando su destino de apropiación a manos del rapaz conquistador. El grito de la tierra iniciaba un sufrir que persiste hasta nuestros días.

Del mar los vieron llegar...
Casi cien años más tarde, en 1545 el indígena Diego Huallpa buscaba una de sus llamas perdidas en las laderas del cerro, cuando lo sorprendió la noche. El viento helado lo castigó duramente y debió encender una pequeña hoguera con paja y ramas para sobrevivir. Al amanecer, vio los hilos de plata que el calor del fuego había derretido. Quiso guardar el secreto, pero su mejor vida y generosidad con sus amigos evidenció la situación y fue delatado. Su fortuna duró de enero a marzo ya que, el 1º de abril, los conquistadores Juan de Villarroel, Diego de Centeno y otros tomaron posesión del cerro “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y en nombre de Su Majestad el Emperador de Alemania, España y de los Reinos del Perú”. El 21 de abril de 1545 el registro público anotó al capitán Villarroel y a su yanacona Huanca como descubridores del yacimiento. La primera medida fue obligar a los indios de Cantumarca a fabricar adobes para construir la villa, el inca Chaqui Katari (Pie de Víbora) los enfrentó: cinco españoles y cincuenta indios muertos fue el principio de una práctica habitual.
Carlos V le dio el título de Villa Imperial y un escudo que rezaba: “Soy el rico Potosí, del mundo soy el tesoro, soy el rey de los montes y envidia soy de los reyes”. La riqueza funcionó como un imán, enseguida la ciudad fue la más poblada de América y más aún que las grandes urbes europeas, alcanzando la cifra de 160 mil habitantes. A menos de cuatro décadas había en Potosí ochocientos tahúres y 120 prostitutas, claro que al poco tiempo también contaba con 36 casas de juego y otras tantas iglesias. Pronto hubo 6 mil hornos fundiendo el precioso metal que consumieron todo el combustible que la naturaleza proveía. Ya en 1566 se acabó la tacana, plata a flor de tierra, y comenzaron a implementarse nuevos métodos de extracción. Las condiciones inhumanas a las que eran sometidos los indios mineros acababa con sus vidas tempranamente. Un gigantesco corral de paredes de piedra, que aún hoy existe a la entrada de la ciudad, era el lugar donde se repartían los mitayos, que los caciques tenían la obligación de entregar en reemplazo de quienes morían y que debían contar entre 18 y 50 años.
Escribía Josiah Conder: “En tres centurias, el cerro rico del Potosí quemó ocho millones de vidas. Los indios eran arrancados de las comunidades agrícolas y arriados, junto con sus mujeres y sus hijos, rumbo al cerro. De cada diez que marchaban hacia los altos páramos helados, siete no regresaban jamás” y Luis Capoche, dueño de minas y de ingenios, escribió que “estaban los caminos cubiertos que parecía que se mudaba el reino”. Los miembros de las comunidades habían visto “volver muchas mujeres afligidas sin sus maridos y muchos hijos huérfanos sin sus padres” y tenían la certeza que en la mina esperaban “mil muertes y desastres”. Eran más los que morían por enfermedades que por accidentes, el envenenamiento por mercurio era tan letal como los gases tóxicos del interior de la mina. Ganaba la columna vertebral, debilitaba sus miembros provocándoles temblores y les hacía perder el pelo y los dientes, para matarlos en cuatro años. La neumoconiosis fue la primera enfermedad laboral en el Nuevo Mundo. Mataba tantos indios que Fray Domingo de Santo Tomás, en 1550, llegó a decir que Potosí era la “boca del infierno”, denunciando la barbarie conquistadora y Fray Bartolomé de las Casas afirmaba que los indios preferían ir al infierno al morir, ya que en el cielo estaban los cristianos.
No todas las voces del clero eran benignas, éstas eran más bien una excepción, el padre Gregorio García afirmaba que los indios eran judíos porque “son perezosos, no creen en los milagros de Jesucristo y no están agradecidos a los españoles por todo el bien que les han hecho”. No obstante, el pontífice Paulo III emitió una bula en 1537 declarando a los indios “verdaderos hombres con alma”. Felipe III, monarca de gran sensibilidad dictó un decreto en 1601 proclamando la igualdad de indios y conquistadores y prohibiendo su utilización como animales de carga, a excepción de “que aquella medida hiciese flaquear la producción”.
La única manera de soportar las jornadas interminables en el socavón era con ayuda de la coca, hoja ritual en el reinado de los incas, pero de abusiva implementación por parte de los dueños de las minas. Según registros de la época, mil toneladas de hoja de coca eran consumidas cada año entre los indios mineros.
A fuerza de masticar la hoja y emborracharse, no sentían el hambre ni el dolor pero tomaban, invariablemente, el camino hacia una muerte precoz.

Dios y señor de la montaña
Los caballeros comenzaron a sospechar que los aborígenes, sin control dentro de la mina, pudieran holgazanear, por ello inventaron la figura de El Tío, una imagen aterradora, de aspecto demoníaco, cabeza cornada y fauces dotadas de filosos colmillos. Se cuenta que los españoles crearon la estatua llamándola Dios, pero el alfabeto quechua no incluye el sonido de la letra “d”, por lo que onomatopéyicamente pasaron a llamarlo Tío.
El Tío es un antepasado de nuestro Familiar (nefasto señor de los ingenios del norte argentino) que cuida que los trabajadores cumplan los deberes para con sus amos, castigando a los rebeldes con la muerte. Este patrón de las profundidades rocosas cobró gran fuerza en la iconografía del lugar llegando, con algunas variantes, hasta nuestros días, habiéndose transformado en dueño de la montaña y benefactor de quienes lo reconocen.
Al comienzo de cada jornada, los mineros hacen su ofrenda al Tío. El gusta del alcohol, las hojas de coca y el tabaco. El minero ofrenda un chorro de alcohol sobre su pene, otro a la Pachamama y el tercero lo bebe él, pidiéndole favorezca su trabajo y lo conduzca a hallar una veta que lo haga salir de la miseria.
Otros van más allá y prodigan el sacrificio de alguna llama, con cuya sangre tiñe las paredes del túnel. Los más desesperados llegan a entregar algún feto humano. Esa es la historia que algunos cuentan de uno de los mineros más poderosos de Potosí: Emilio Alave.
La versión dice que era un minero paupérrimo de familia muy numerosa. Vivía en la ruina absoluta y no tenía ya cómo alimentar a su nutrida descendencia. Su mujer encinta perdió el embarazo y él ofrendó ese hijo sin nacer al Tío, enterrándolo en el socavón y diciendo: “Te ofrezco mi hijo a cambio de que me ayudes”. Ese día sus ruegos fueron escuchados y una veta de plata enorme apareció ante los golpes de su piqueta. El Tío devolvía en metal la sangre recibida.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 8 . Sólo en librerías o por pedido.

viernes 12 de febrero de 2010

La casa vacía

por Stella Maris Roque

Abro la puerta. La casa está vacía, quebrada por el silencio. Camino por el living, la oscuridad lo invade, la biblioteca es lo único que queda. Voy a la cocina, la persiana levantada y a lo lejos un parque oscuro lleno de árboles. Abro la canilla, el agua sale marrón, me ensucia los dedos y las gotas como agujas frías me los parten en mil pedazos. Dejo la canilla abierta. El ruido retumba en la casa hueca, la voz de la abuela corre con el agua, se va por las cañerías. Quisiera que estuviese acá, conmigo, pero el tiempo para ella se detuvo el día que se la llevaron al geriátrico. Tendría que haberme quedado a vivir con ella acá y hubiera evitado que un abismo de recuerdos se hundan en mi garganta.
Me apuro en llegar a la biblioteca. Los libros cuentan la historia de ella, agarro el que vine a buscar: el Martín Fierro, se sabía casi todos los versos de memoria, ahora no se acuerda de nada. Aprieto el libro contra mi cuerpo, y me cae una sola lágrima. En un rincón del living veo un florero con varios pétalos marchitos que se ahogan en un poco de agua sucia, guardo algunos pétalos adentro del libro y lo pongo en la mochila. La abuela no va a volver nunca más. Me acerco al ventanal del living negro, sin sillones, lleno de escarcha blanca. Es agosto, hace frío. Estaba sola, aquí mismo, esperando que mamá viniera a buscarme. Miraba hacia la calle y buscaba su cara. No había gente y eran pocos los autos que pasaban. La abuela se había levantado de la siesta, cuando sonó el teléfono. Un rato antes me había pedido que la ayudara en la cocina. Hasta ese momento creí que mamá no iba a venir. Me senté a la mesa. La abuela trajo galletas. Mamá no iba a venir, ¿Y mi papá? La miré a la abuela y le pregunté: -mi papá, ¿cuándo va a venir a buscarme? Se paró al lado mío. -Tu madre y yo somos tu única familia-me respondió, acariciándome la frente. La agarré del brazo y la empujé, trató de no caer, volví a empujarla y se tambaleó; por unos segundos pensé que se iba a caer, la excusa perfecta para que mamá viniera. La puerta del comedor se cerró atrás de la abuela. Se había ido a su cuarto. Me quedé sola, mirando el televisor apagado.
El ruido del agua me distrae, las gotas se convierten en hielo. Al lado de la cocina, el comedor diario, la mesa no está, ni siquiera el televisor y donde estaba la estufa hay un agujero. En esa estufa, la abuela calentaba mis pijamas antes de que me fuera a dormir. Ella verdaderamente fue la única familia que tuve. Era invierno, la helada cubría el pasto. La abuela me levantó de la cama cubierta con frazadas y me llevó al lado de la estufa a tomar café con leche con pan tostado. Mientras tomaba mi desayuno, la abuela se fue a su cuarto a buscar una aspirina, aproveché y me escapé al parque. Salí descalza y corrí sobre la escarcha, que a cada paso, desaparecía debajo de mis pies. Corrí hasta cansarme, en realidad hasta que la abuela me vio desde la cocina. Se puso a gritar como loca, que me iba a pescar un flemón o una bronconeumonía, que no me iba a dar más chocolates y no se cuántas mentiras más. Seguí corriendo sin hacerle caso, entonces salió desesperada con los pelos parados, las pantuflas y la bata de cama, me agarró de las piernas, me mordisqueó los cachetes y me llevó adentro.Cierro la canilla y camino por la casa en la que bailan las ausencias. Abro la puerta del cuarto de la abuela. La cama vacía, el elástico al aire y un vaso de vidrio sobre la mesa de luz. Me acuesto sobre el elástico frío, -la cama apaga el dolor del puñal -pienso-la cama; una lluvia de tiburones hambrientos. Agarro el vaso y tengo ganas de reírme, tal vez, por vergüenza de que se me haya ocurrido una idea loca como la de los tiburones, -una idea loca-, digo en voz alta, -un vidrio que se enciende contra los vidrios-, pienso, y arrojo el vaso contra la ventana.
La abuela no supo pedirme que me quede, prefería estar sola con sus perros; si me hubiera quedado habría podido decirle cuánto la amo.
Salgo al parque, hace frío y a través de los árboles figuras se doblan con el viento. El pasto está descuidado. Me acerco al rosal que plantamos juntas, las hormigas se comieron las hojas. Me acuesto sobre el tiempo que pasó y huelo la tierra. -Es la última vez- digo. Del otro lado de la puerta me espera la ruta, la ruta, vacía como la casa, la ruta, transparente ante mi huida, esta misma ruta que no volverá a traerme nunca más.

Publicado en la edición impresa de Lilith Nº 10. En quioscos y librerías.

martes 12 de enero de 2010

Antonín Artaud

un lenguaje anterior a la palabra

por Rubén Sacchi

Bocas del aire del mar
beban la sal de esta luz para sí
ya coman en la eternidad
algo se va a ahogar
es este ardor
y es esta la fiebre del que espera
frente al despertar
vámonos de aquí

Eran los primeros días de setiembre en el puerto de Marsella y culminaba el invierno de 1896. Los pescadores no habían tenido un buen día porque, esa mañana, las fauces del Mediterráneo habían devorado dos de sus barcas, incluyendo a los marinos que las tripulaban. Hacía cuatrocientos años que el conquistador Cristóbal Colón había ido más allá de los confines conocidos por Europa sin hallar monstruos de siete cabezas ni elefantes sobre tortugas que sostuvieran una tierra plana donde, más allá de sus bordes, reinara el abismo infinito. Sin embargo, el temor a lo desconocido era moneda corriente entre los lugareños que, al borde del siglo XX, aún gobernaban sus actos por mitos y supersticiones.
Mientras esto sucedía, un niño soñaba un sueño de dolor y de locura. Deambulaba por corredores abyectos, oscuros de la más terrible negrura. En esa oquedad angustiante intuía, sin llegar a ver, la luz, pero para lograr alcanzarla debía deshacerse de todo el lastre que detuviera su andar y, en ese propósito, supo que el cuerpo, su propio cuerpo, era el peor de ellos.
De pronto, algo lo empujó hacia delante, dos manos aferraron su cabeza y tiraron brutalmente de ella. Un filoso estilete cortó el cordón aparente que lo unía al mundo del que provenía, sólo el aparente, el otro, el invisible, lo seguiría atando de por vida.El niño entonces despertó. Despertó y lloró por la vigilia que comenzaba en un mundo que habría de ser indiferente al dolor de su alma. Eran las 8 del cuarto día del mes y el pequeño Joseph Marie Antonin había por fin nacido.

Algo caía en el silencio.
Un sonido de mi cuerpo.
Mi última palabra fue yo
pero me refería al alba luminosa.

El niño, mimado y sobreprotegido por su madre, Euphrasie Marie Louise Nalpas, no pudo, pese a la coraza materna, escapar a los avatares de la vida: una grave ­meningitis padecida a los cinco años de edad lo puso al borde de la muerte. Salió a flote del trance, pero los disturbios nerviosos lo acompañaron de por vida. Ese episodio y el fallecimiento, en 1905, de su pequeña hermana Germaine de apenas 8 meses, lo enfrentaron a la muerte desde muy temprana edad.
Cuando llegó a París en 1920, había transitado por varias instituciones psiquiátricas y era asiduo consumidor de opio, que podía adquirirse en cualquier farmacia como analgésico para dolores severos. ¿Fue esta adicción la llave de su arte revolucionario? hay quien afirma que lo tomaba para estar normal y poder pensar, libre del dolor. Lo cierto es que Artuad fue el más grande de los poetas malditos de nuestro siglo, que buscó la palabra como medio de liberación, pero también hurgó en un lenguaje corporal, a través del teatro, para desprenderse del sufrimiento que constantemente lo abatía: “Yo añado al lenguaje hablado otro lenguaje, y procuro darle al lenguaje del habla, cuyas misteriosas posibilidades se han olvidado, su vieja eficacia mágica, su eficacia hechizadora, integral. Cuando digo que no representaré obra alguna escrita, quiero decir que no representaré ninguna obra basada en la escritura y el habla, que en los espectáculos que voy a montar habrá una parte física preponderante, y que ésta no podrá fijarse y escribirse en el lenguaje habitual de las palabras; y que incluso la parte hablada y escrita lo será en un sentido nuevo”. Artaud plantea el habla como ­último recurso para clarificar las manifestaciones espirituales, como un elemento psíquico que se expresa cuando las almas perdieron su capacidad de comunicación.

La guerra y las mujeres

en la literatura de Mercè Rodoreda

por Diego Luis Forte

El papel de las mujeres durante la guerra civil española no puede ser entendido sin tener en cuenta el contexto de finales del siglo XIX y principios del XX: ellas no participaban en la cultura, la economía o la sociedad en general, tarea siempre reservada a los hombres. Por el contrario quedaban recluidas en la esfera privada del hogar y, si trabajaban, sujetas a una división sexual y clasista del trabajo. La enseñanza pública era algo raro a principios del siglo XX pues la educación estaba monopolizada por la iglesia católica y ésta no hacía mucho por educarlas en un sentido más abarcador que el de ser "la perfecta ama de casa y madre de sus hijos".
Una mujer común, inmersa en ese contexto, es la que nos habla en La plaça del diamant de Mercè Rodoreda. Una mujer que no sólo debe luchar contra el medio adverso que el imaginario social de su época marcaba, sino que además debe sortear los problemas que la guerra impone y mantener a sus hijos.
Los elementos que Rodoreda utiliza para estructurar su relato nos brindan una visión que, desde la simpleza y la ingenuidad, nos obliga a confrontar la crudeza de la guerra y su impacto en la vida diaria de quienes peleaban la otra batalla. Es la voz femenina la que ordena la obra y la verdadera protagonista de La plaça del diamant. La forma en que Natalia-Colometa narra su vida y describe lo que la rodea puede ser calificada, como se señaló anteriormente y en una primera impresión, de ingenua o desinteresada en lo que refiere a la realidad social, pero una lectura más profunda permite reconocer elementos que indican otras interpretaciones.
En principio, en la obra se delimitan por lo menos dos planos que permiten un análisis diferenciado de sus funciones y elementos:
La descripción que Natalia-Colometa hace de la guerra y lo que ella percibe.
La forma en que Rodoreda utiliza esos elementos para mostrar la realidad de las mujeres.
En cuanto al primer punto, a lo largo de la novela Natalia articula sus percepciones con observaciones, en muchos casos detalladas, de la vida cotidiana. Cuenta lo que ve, lo que oye, en definitiva, lo que siente, pero sin emitir juicio de valor al ­respecto. Es importante señalar que Quimet, quien será su marido, es un elemento de peso que pone en evidencia el sometimiento femenino. Natalia tenía novio antes de conocerlo, pero eso no fue un obstáculo para que él, de forma unilateral y ejerciendo su poder de dominación, decidiera que, antes de un año, ella sería su esposa: "...le dije a aquel muchacho que mi novio hacía de cocinero en el Colón y se rió y me dijo que le compadecía mucho porque dentro de un año yo sería su señora...". Con esa misma arbitrariedad y como una forma de reafirmar el poder y el dominio sobre ella, le cambia el nombre. Su condición de hombre le brinda la autoridad suficiente para hacerlo: son los hombres los que tienen el poder sobre las mujeres; son los padres los que dan nombre a los hijos e hijas; las mujeres se casan y toman el apellido de los maridos: "... usted y yo bailaremos un vals de puntas en la Plaza del Diamante... gira que gira, Colometa. Me le miré muy incomodada y le dije que me llamaba Natalia y cuando le dije que me llamaba Natalia se volvió a reír y dijo que yo sólo podía tener un nombre: Colometa". Comparado con la perspectiva religiosa, que aparece en el sermón del casamiento, es Adán quien da nombre a los animales y a las cosas en el paraíso.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 5. Sólo en librerías o por pedido.

viernes 8 de enero de 2010

El peor analfabeto es el analfabeto político

por Bertolt Brecht

El peor analfabeto es el analfabeto político
No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida,
el precio del poroto, del pan, de la harina,
del vestido, del zapato y de los remedios,
dependen de decisiones políticas.

El analfabeto político es tan burro
que se enorgullece y ensancha el pecho
diciendo que odia la política.

No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta,
el menor abandonado,
y el peor de todos los bandidos
que es el político corrupto, mequetrefe
y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.

domingo 3 de enero de 2010

Una carta para Jorge

por Rubén Sacchi

a J.E.R.

Compañero:
Acá me tiene escribiendo estas líneas,
como siempre,
a máquina.
Usted sabe como son
estas madrugadas de primavera:
frescas pero agradables y,
es increíble,
pero el viento
trae el nombre de los torturados:
Villa Devoto 1973.
También el de los muertos...
(callemos su nombre).
Hay algo, compañero,
que no llego a comprender:
Me quedó una bolsa verde
y un vaso de vino tinto.
Una raya al costado
y una onda obstinada en caer.
Una mirada perdida
y una sonrisa triste,
pero parte de la cara.
(el resto hay que olvidarlo).
Le quería hablar
de las cosas de acá.
Los pájaros cantan con muchas ganas
y parece que va a haber sol.
Todavía hay rocío en el pasto
y la sangre está caliente.
Pero hay cosas que no sé.
Las de allá, por ejemplo.
Dígame, compañero,
¿es fácil morirse
sabiendo que ya no hay más nada?
Y ¿qué seguridad tiene usted
de esta estúpida manera de comunicarnos?
Y, al menos,
¿tendré alguna esperanza
de que esta carta 1e llegue?
Es que estoy medio falto de fe ¿vio?
es que usted ya es polvo,
aire,
río...
no se...

Pero...
vamos al tema que nos ocupa.
Nuestro ejército
sigue intacto
y en armas.
No lo distraigo más ¡Hasta siempre!

Del libro inédito Poemas desde la trinchera (1985).

Papel Doblado

por Jorge Eduardo Reboredo

Arrastraré mis rodillas y la lengua
con el cadáver del poema.
El tiempo, abril extraño estéril
mi saludo.

No contaré nunca más lo que me pasa.
Dejaré de mirar a los trenes;
pesados rinocerontes de hierro viejo,
metal y acero; piedra y balasto,
encajonando a la gente
siendo las 18.

No escribiré ninguna carta triste.
Ninguna más con ojos
que se quedaron sordos en la noche.

Y ese calor que se va;
papel doblado.
Un gesto final en esa mueca,

- y el olor de la muerte.

De "Atenciones". Publicado en el Nº 3 de la revista literaria Vivir en la Poesía, año 1982.

sábado 19 de diciembre de 2009

Mujer del aire

Por Ivana Szac

Seguiré siendo mujer del aire
con gritos en mis ojos
piedras en el vientre
la cabellera larga
y las ganas de florecer
hasta en el infierno

del libro "Gritos en mis ojos", de Ediciones de La Cultura.

domingo 15 de noviembre de 2009

El legendario Barba Azul

La horrorosa historia del Caballero Gilles de Rays

por Juan Carlos Licastro

La época en que se sucedieron los hechos se caracterizó por una fatigosa angustia que se tradujo en la arquitectura feudal. Castillos y fortalezas eran construcciones de poder fuertemente represivas, construcciones de cercamiento. En el siglo XV francés reinó un Carlos VII desprovisto de autoridad; el recuerdo de la peste estaba muy próximo, Inglaterra había sumido al reino en el vaciamiento financiero. Semejante panorama explica que Carlos y sus partidarios se entregaran, como respuesta, a fiestas bárbaras, casi siempre desprovistas de todo recato. ¿Qué podía esperarse del hombre que iba a abandonar a Juana de Arco, que hizo asesinar a Juan sin miedo? Los preparativos de una guerra daban cauce cierto a las energías desmesuradas de estos hombres; la guerra era para ellos un "juego", una actividad distinta del trabajo de los siervos y del pueblo. Imperaba un verdadero caos mental, un estado lleno de contradicciones en el que la razón quedaba de lado ante el poder omnímodo de la nobleza. Ésta se colocaba fuera de un universo racional. Escenas de pillaje, quema de aldeas, pueblos y ciudades, eran cosa de todos los días. Estos hechos obraban como excitantes, servían para canalizar instintos sexuales. La guerra, en su condición de "juego" de grandes señores, estaba vedada al pueblo. Era un privilegio. Era el juego por el juego mismo, es decir, la guerra por la guerra misma. Sólo que con el paso del tiempo se iba convirtiendo en algo penoso, casi macabro, su sombra amenazaba aún a los mismos nobles. Ya en el siglo XV iban desapareciendo los costosos atavíos, las brillantes armaduras. Se recurría cada vez más a los ejércitos regulares, los forajidos habituales no tenían cabida en ellos. El autor de Tirant lo blanc (Tirar al blanco), Jean Martorell, dio pruebas de estos hechos y de la decadencia imperante con su correspondencia pródiga en un ceremonial guerrero verbalizado. En Martorell no importa tanto el ­combate como la descripción de las ceremonias.
Francia se encontraba desmembrada, tanto política como económicamente, las tropas inglesas ocupaban casi todo el territorio y sólo se retirarían a Calais después de la toma de Orléans. La epopeya de Juana de Arco aún no había comenzado y Gilles de Rays todavía no era mariscal de Francia.
De toda la documentación existente sobre Gilles de Rays y sus cómplices, interesan particularmente las actas del proceso que contienen las acusaciones y las confesiones. En los Archivos del Loire Inferior se encuentra la minuta latina con "las informaciones, procedimientos y sentencias contra Gilles de Rays, mariscal de Francia, que tuvieron lugar en 1440, a instancias del obispo de Nantes, como culpable de herejía, de sodomía y de asesinato".

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 3. Sólo en librerías o por pedido.

Olga Orozco

O la poética de la nostalgia

por Víctor Pedro Giménez

Ella está sumergida en su ventana
contemplando las brasas del anochecer, posible todavía.
Todo fue consumado en su destino, definitivamente
inalterable desde ahora
como el mar en un cuadro,
y sin embargo el cielo continúa pasando con sus
angelicales procesiones.

Fragmento de Mujer en su ventana

La lectura de estos versos casi nos obliga a pensar en una Olga Orozco contemplándose a sí misma en un futuro buscado y encontrado en el pasado. Un pasado al que la notable escritora jamás eludió, sino que, por el contrario, hilvanó y deshilvanó a través de sus poemas y sus conversaciones, como cuando en una entrevista expresó: "Así como uno cree que el pasado influye en el porvenir, creo que el porvenir influye en el pasado. Hay una interacción permanente de tiempos y para esto me ayuda la poesía, para hacerle trapisondas al tiempo que al final me va a vencer. Igual que la muerte".
Reflexiva irreductible, Olga Orozco trasunta a lo largo de su obra una espesa melodía que nos traslada a vericuetos de profundidades demasiado desconocidas, pero no por eso ajenas, y que huelen al terror que provoca el sufrimiento. Pero no cualquier sufrimiento, sino el que emana del interrogarse, del empaparse de nostalgias, del plantarse con altivez ante la nada.

"Escribir es una búsqueda que tiende a desenmascarar, a intentar echar una ojeada hacia lo alto por alguna puertita que se entreabre y se vuelve a cerrar muy rápidamente. Es apenas un vistazo, pero consuela". (…) "Escribir no es placer, es mi manera forzosa de expresarme. La poesía me produce un profundo sufrimiento. Creo como Bachelard que está en lo muy alto y en lo abismal. Una se sumerge hasta un fondo demasiado desconocido y siente que queda unida a la superficie por una nada y encima no ha dejado miguitas en el camino como Hansel y Gretel. Y si es hacia lo alto, más difícil todavía. Llegás a zonas desconocidas, como si al nacer se hubiera abierto una especie de telón que se ha cerrado detrás nada más atravesarlo. Pero queda como una reminiscencia de estados de ánimo, cierta avidez por retomar algo de allí. Pero no es placer y ya es bastante salir entera".

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 3. Sólo en librerías o por pedido.

Editorial

El invierno del '66 se hacía sentir en el aula de 5° grado de la primaria Juan Bautista Alberdi, en el barrio Villa Obrera de Lanús. Los radiadores de las paredes no daban abasto y sólo paliaban las heladas ráfagas de ese viento que, luego de atravesar los robles de la plaza, golpeaban los vidrios de las ventanas y se colaban por las hendiduras. El hombre, trajeado y engominado, entró al aula con permiso de la maestra. La docente pidió atención y el señor apoyó su portafolios, igual a nuestras carteras de cuero marrón, sobre el viejo escritorio de madera. Al abrirlo desplegó la maravilla: unos afiches coloreados donde King Kong, subido a un rascacielos -que muchos años después reconocería como Empire State- cazaba aviones cual si moscas. En otro, el inefable John Wayne sostenía su Colt humeante, mirando el cadáver de su adversario tendido en la calle de un pueblo del lejano oeste, al que llamábamos far west.
El personaje era empleado del Cine Rex y traía, junto a la promoción de "3 películas 3" en continuado, algo que me haría sonrojar y enorgullecer al mismo tiempo: un par de entradas para los mejores alumnos. Generalmente me hacía de una.
Esta historia podría ser la sinopsis de cualquier film del neorrealismo italiano, pero es sólo una postal que me recuerda aquellos años donde los sueños aún tenían vigencia y se peleaba por ellos. Años en que los cines eran eso, y no iglesias evangelistas o bingos para cubrir el vacío y la falta de expectativas que el actual sistema genera en la sociedad.
Mucho tiempo ha pasado desde entonces. Los vimos caer uno a uno: Splendid, National, Sarmiento... hasta los majestuosos Palacio y Opera pasaron a ser escenarios de las quimeras del dinero fácil y el Jesucristo que salva y sana. Todos menos uno: aquel emblemático Rex que, como su homónimo tiranosaurio, resistía el paso del tiempo y los embates de la modernidad.
Cierto es que su única y amplia sala resignó parte de su grandeza para convertirse en 1 y 2. No menos real, que alguna que otra vez los pochoclos fueran el posmoderno acompañamiento de los espectadores y que, para ganar una función más, la película terminara cuando, luego del último plano, aparecía la palabra "Fin" o el sucedáneo extranjero, obviando los títulos y créditos que a los cinéfilos nos dejan aferrados a la butaca hasta pasados los nombres del último eléctrico o carpintero. Pero, pese a su aggionamiento, seguía aportando una cresta a la chatura suburbana.
Hoy todo se sucedió veloz. Los rumores en comercios vecinos, las puertas tapizadas de viejos afiches y los mentirosos cartelitos: "Cerrado por reformas". La gente, sin mayores inquietudes, pasa por sus puertas cerradas sin detenerse un momento, como si estuviesen acostumbrados a perder y ya nada les importara. O tal vez piensen que la mole de diez pisos que lo reemplazará podrá suplir con su sombra los árboles talados en la estación de trenes. En tanto, esa antigua caja de asombros espera “la piqueta fatal del progreso” y su marquesina anuncia, ya sin orgullo, su último espectáculo: “Vendido”.

Publicado en la edición impresa de Lilith Nº 3. Sólo en librerías o por pedido.

Mariano Moreno:

No bastó tanta agua...

por Alberto J. Lapolla

EL SECRETO MAS GUARDADO

A fines del siglo XIX un investigador argentino, Eduardo Madero, quien estudiaba en el Archivo de Indias, en Sevilla, la historia del puerto de Buenos Aires, halló por casualidad un documento que cambiaría la mirada sobre la Revolución de Mayo, su carácter, los hechos allí ocurridos y particularmente modificarían sustancialmente la opinión sobre el rol y el pensamiento de quien, a no dudarlo, es uno de nuestros ­héroes mayores: el doctor Mariano Moreno. Dicho documento se denominaba: Plano que manifiesta el método de las operaciones que el nuevo gobierno provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata deve poner en práctica hasta consolidar el grande sistema de la obra de nuestra livertad e independencia. El ejemplar hallado era una copia manuscrita del original redactado en 1810 por Moreno, por encargo de la Primera Junta que, en sesión secreta del 15 de julio de 1810, había aprobado un ­pedi­do del general Manuel Belgrano de preparar un plan de operaciones que hiciera frente a la grave situación que se cernía sobre la Revolución. También La Gazeta, el 27 de junio, había reclamado una acción punitiva dirigida a la contrarrevolución que se reagrupaba en Córdoba bajo el mando de Liniers a la espera de refuerzos del Alto Perú.
El 26 de agosto Liniers fue fusilado por Domingo French, quien siguió la orden de Moreno de ajusticiarlo a él y demás cabecillas de la sedición "donde se los ­encontrase". Ante tal situación y, finalizada su redacción el 30 de agosto, e plan se aprobó por ­unanimidad en sesión secreta.
El 12 de setiembre Moreno impartió las órdenes a Castelli para que se hiciera cargo del Ejército del Norte y fusilara a los contrarrevolucionarios de Potosí y el Alto Perú y tratara de marchar hasta Lima. El 7 de noviembre las fuerzas patriotas derrotaron a los realistas en Suipacha. El 15 de diciembre Balcarce, cumpliendo las órdenes de Castelli y Moreno, fusiló a Nieto, De Paula Sanz y J. Córdoba, jefes de la represión a los ­levantamientos altoperuano de 1809 y brutales esclavistas de indios. El 18 de ­diciembre el presidente de la Primera Junta, el terrateniente, encomendero y ­propietario de minas de Potosí don Cornelio Saaverdra, logró derrocar a Moreno, quien sería ­asesinado en alta mar en marzo de 1811.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 3. Sólo en librerías o por pedido.

jueves 5 de noviembre de 2009

La verdad es la única realidad

por Francisco Urondo

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el angelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente el presente, pero pertenecen a la
realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad, como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse, a rescatar
lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.

(Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973)

martes 3 de noviembre de 2009

La universidad CAECE y el mundo real

por Diego Luis Forte

El presente artículo de ninguna manera pretende ser exhaustivo en lo que al análisis del texto presentado se refiere; propone, en todo caso, brindar un acercamiento al desarrollo y reproducción de determinadas representaciones sociales en el mundo occidental de principios del siglo XXI. Las ideas que circulan en una sociedad dada no son algo aleatorio, provienen de un cúmulo que se ha formado a lo largo de un extenso período de tiempo, por lo cual decodificar un texto dado siempre implica poseer un conocimiento previo, por pequeño que éste pueda ser.
La fotografía que ilustra este artículo fue tomada el día sábado 12 de Abril de 2008 a las 11:28 de la mañana en la estación de subterráneos Emilio Mitre, en la ciudad de Buenos Aires. El texto presentado en el afiche llamó nuestra atención por el fuerte supuesto que imponía para vender un producto: el concepto de mundo real. Puede considerarse un hecho ampliamente aceptado por la ciencia de nuestro tiempo que la mercantilización de la educación ha sido un proceso que ha alcanzado un punto de desarrollo extremadamente marcado en esta época, pero aún aceptando todo lo que este hecho implica no tienen por qué aceptarse de forma automática otras ideas asociadas.
En principio es fundamental describir un concepto clave dentro del texto: el mundo real. Existen muchas teorías que, a lo largo de miles de años, han clasificado el producto de la percepción humana de diferentes formas. No nos detendremos en ello dado que no es nuestra intención hacer una revisión histórica ni historiográfica, baste decir que para el mundo occidental, luego de la revolución industrial, el mundo real pasó a ser, en líneas generales, el mundo de la utilidad inmediata, es decir, todo lo que tiene un valor de cambio antes que un valor de uso, relegando a un segundo plano el mundo de las ideas. En este sentido, nuestro texto segmenta el mundo en dos:
1. El mundo real, en el cual se inscriben carreras como licenciatura en contaduría pública, licenciatura en marketing, licenciatura en administración de negocios, licenciatura en comercio internacional y licenciatura en administración de RR.HH.
2. El mundo irreal, en el cual no vivimos y al que pueden o no adscribirse todos los elementos no incluidos en 1 (el texto no especifica si el mundo real es sólo lo que aparece en el listado).

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 13. En quioscos y librerías.

viernes 23 de octubre de 2009

Poemas del libro Tríadas

por Claudio Símiz

Visnú

Las cosas bajo tierra/ se serenan se entregan se
disuelven/ para volver en flores en arenas en pigmentos/ que
huelen a recién nacido/
Otras retornan tumultuosas/ maremotos magmas
exultantes/ para la destrucción que se sacia en a vida/
Pero hay una tercera razón de cosas soterradas/ las
que persisten/ mordidas de soledad/ obcecadas de ayer/ las
que aguardan silentes/ estas que ahora desentierro y
empuño/ para partirle el pecho al hambre a la tiniebla/ yempezar a volver/ antes de irme.


Desde mi biblioteca

Ojos expertos núbiles/ manos trémulas de ensueño o de
codicia/ creerán desbrozar saquear mi biblioteca/ que se
dispersará/ como un lento y pequeño Big Bang de silencios/
Ella ha ido creciendo/ ha cambiado de tallas y de
nombres/ ha discurrido ocasos y cenites/ y acaso pueda/ contar
mejor que nadie mis costillas rotas/ hacer constar en actas las
capitulaciones de mis sueños/
Al final/ las miríadas de páginas y polvo/ que fatigué mil
veces/ o esquivé tercamente/ resultarán mi cosecha y mi
siembra/ la manera de entrarme mansamente/ en eldescubrimiento prodigioso del olvido.


La piel

Solo una cosa tenemos para siempre:/las cicatrices de la verdad
en nuestra piel./ Lo demás/ son los callos/ los guijarros del día/
erupciones de una pasión efímera/ escoriaciones de una
pedrada cósmica que no pupo esquivarnos./
El corazón es ciego y sordo/ late/ prefiere no saber nada/ late/
ignora sabiamente/ desde qué tarde le llegará tu ausencia/ adecirle “eso es todo”.


El acróbata

El acróbata se apropia un segundo del aire/ sabe que nunca será suyo/ pero él igual lo apresa/ y el aire lo sostiene
un instante/ le acaricia el esfuerzo/ lo devuelve a las grávidas
cosas como madre a la cuna/
Y el aire será el mismo/ transpirado, perlado de
otros sueños/ y el hombre será otro/ porque algo de sudor
se ha escurrido en el éter/ y ni una brizna de brisa/ le quedaentre los dedos.


Epígrafe

Casi se cae del diario/ apenitas la foto arrinconada
blanco y negro/ pero hay una negrita debajo de una bolsa de
nailon negro/
No se sabe/ el derrumbe, la bomba/ se le fueron
encima/ poco importa, parece/ porque el ojo de Dios estaba
en otra cosa/ y mañana publicarán las ternas de los Oscar/ la
carne y el Mundial siguen en alza/ pero hay una negrita
debajo de una bolsa de nailon negro/
¿Jugás a la escondida, Terroncito/ te disfrazaste de
fantasma, de noche, de tulipán sombrío?/ pasa la Farolera/
pero hay una negrita debajo de una bolsa de nailon negro/
¿De qué negro baldío pintaré mi casa?/ ¿Con qué
sábana de olvido el mundo se tapará la cara?/ Entre este
verso y el que está viniendo nacerán cien niños/ pero hay una
negrita debajo de una bolsa de nailon negro/
En el otro hemisferio las rondas van despidiendo alsol/ aquí quiere nacer y sólo sangra.