por Graciela E. Dopico
Sobre “Los girasoles” de Van Gogh
Tus pequeños soles
magníficamente vivos
huecos de luz y de silencio
en la mesa, sobre el mantel verde
me comunican
su espacio de ternura
y no perdonan
la obstinación sin color
de no haberte entendido el amarillo.
Sobre “La habitación de Van Gogh en Arlés-1889”
Ventanas infinitas
tu búsqueda infernal
de fantasías policromas
como la puerta celeste
que se abre y te muestra
con tu ofrenda de amor y de locura
y Gauguin caprichosamente hermoso
creando una vahine en tus pupilas.
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sábado, 18 de julio de 2009
Ojos
por Katia Hayes
Saltan a través de los pliegues
de las recámaras
brotan de las cavernas y se
estratifican en pequeños
gigantes de inspiraciones
que escatiman temores
llevándolos y guiándolos hacia la brecha
de creyentes en ellos
ojos, miles que traspasan la felpuda
alfombra
de sus sueños convertidos en esponja
que al secarse se desarman
ojos, ojos ven la luz del verdor
amante de la piel, amante de los ojos.
Publicado en Lilith Nº 3, primera época. Enero de 1979.
Saltan a través de los pliegues
de las recámaras
brotan de las cavernas y se
estratifican en pequeños
gigantes de inspiraciones
que escatiman temores
llevándolos y guiándolos hacia la brecha
de creyentes en ellos
ojos, miles que traspasan la felpuda
alfombra
de sus sueños convertidos en esponja
que al secarse se desarman
ojos, ojos ven la luz del verdor
amante de la piel, amante de los ojos.
Publicado en Lilith Nº 3, primera época. Enero de 1979.
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La soledad
por Daniel Prado
La soledad, en silencio,
escucha los secretos
más ocultos del alma.
El silencio en soledad
besa con calidez
los labios del espíritu.
El silencio y la soledad
entraron en mi casa,
una nostálgica sonrisa
brotó de mi boca,
y de esa unión: silencio-soledad-yo,
nació una gran amistad
sellada con pensamientos
de amor y paz eternos.
Publicado en Lilith Nº 3, primera época. Enero de 1979.
La soledad, en silencio,
escucha los secretos
más ocultos del alma.
El silencio en soledad
besa con calidez
los labios del espíritu.
El silencio y la soledad
entraron en mi casa,
una nostálgica sonrisa
brotó de mi boca,
y de esa unión: silencio-soledad-yo,
nació una gran amistad
sellada con pensamientos
de amor y paz eternos.
Publicado en Lilith Nº 3, primera época. Enero de 1979.
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martes, 14 de julio de 2009
Los que parten de la idea...
Por Aldo Pellegrini
Los que parten de la idea de que la convivencia sólo puede lograrse mediante una renuncia a sí mismos, tienen que tomar conciencia de que únicamente existe convivencia entre lo distinto; en el seno de lo homogéneo no hay convivencia, sino tan sólo una masa amorfa en la que las cualidades del hombre individual han desaparecido y, por lo tanto, su participación queda, sin más, eliminada.
de Antonín Artaud, el enemigo de la sociedad
Publicado en Lilith Nº 3, primera época, enero de 1979.
Los que parten de la idea de que la convivencia sólo puede lograrse mediante una renuncia a sí mismos, tienen que tomar conciencia de que únicamente existe convivencia entre lo distinto; en el seno de lo homogéneo no hay convivencia, sino tan sólo una masa amorfa en la que las cualidades del hombre individual han desaparecido y, por lo tanto, su participación queda, sin más, eliminada.
de Antonín Artaud, el enemigo de la sociedad
Publicado en Lilith Nº 3, primera época, enero de 1979.
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Un humilde pretexto (Editorial)
por Rubén Sacchi
Mi canto fue murmullo de los árboles; así fui un espectro milagroso en el tórax de los bosques.
El lamento de una roca que estaba bajo mis pies fue la llave terrible que abrió las puertas del abismo. Un impulso insensato me atrajo hasta el fondo de un callejón sin salida.
Había cuarenta salidas en ese callejón, pero mi inocencia no cedió a tal truco de espejismos y tomé el ascendente camino que conducía al recinto de las raíces, allí se gestaba una savia salvaje, y una subterránea luna llegó por entre las verjas de una casa antigua a mis pupilas.
La casa. Era una construcción milenaria, sabía que allí me esperaba. Habría de ascender escaleras y ocupar mi lugar en la silla vacía que completaría aquella mesa redonda. Vacilé. Pensé en el canto de los pájaros y los lugares de afuera.
El anciano duende de ojos de caléndula tomó mis cabellos detrás de mis pasos. Un instinto de orígenes improbables me detuvo ante una habitación.
En una mesa de operaciones se produjo la disección de mi espíritu; ocupé mi asiento.
Ya todo dispuesto. De entre la nada descorrida por el viento apareció la figura que invalidó todo pretexto.
Comenzaba el culto a LILITH.
Publicado en Lilith Nº 3, primera época, enero de 1979.
Mi canto fue murmullo de los árboles; así fui un espectro milagroso en el tórax de los bosques.
El lamento de una roca que estaba bajo mis pies fue la llave terrible que abrió las puertas del abismo. Un impulso insensato me atrajo hasta el fondo de un callejón sin salida.
Había cuarenta salidas en ese callejón, pero mi inocencia no cedió a tal truco de espejismos y tomé el ascendente camino que conducía al recinto de las raíces, allí se gestaba una savia salvaje, y una subterránea luna llegó por entre las verjas de una casa antigua a mis pupilas.
La casa. Era una construcción milenaria, sabía que allí me esperaba. Habría de ascender escaleras y ocupar mi lugar en la silla vacía que completaría aquella mesa redonda. Vacilé. Pensé en el canto de los pájaros y los lugares de afuera.
El anciano duende de ojos de caléndula tomó mis cabellos detrás de mis pasos. Un instinto de orígenes improbables me detuvo ante una habitación.
En una mesa de operaciones se produjo la disección de mi espíritu; ocupé mi asiento.
Ya todo dispuesto. De entre la nada descorrida por el viento apareció la figura que invalidó todo pretexto.
Comenzaba el culto a LILITH.
Publicado en Lilith Nº 3, primera época, enero de 1979.
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lunes, 13 de julio de 2009
El ayer del silencio
por Rubén Sacchi
Informe,
o más bien deforme
era la mueca.
El cristal
estallaba
cada vez que
ella reía
y la voz
del guardabosques
callaba.
Lo irreal.
Lo prometido.
Lo más respetuoso.
Todo eso
son sólo
una manera de acallarnos.
Todo cristal
siempre se
rompe (aunque ella no ría).
Toda ánima
se descalza ante
la hojarasca
(sobre todo
si el guardabosques
calla).
Publicado en Lilitn Nº 3, primera ápoca. Enero de 1979.
Informe,
o más bien deforme
era la mueca.
El cristal
estallaba
cada vez que
ella reía
y la voz
del guardabosques
callaba.
Lo irreal.
Lo prometido.
Lo más respetuoso.
Todo eso
son sólo
una manera de acallarnos.
Todo cristal
siempre se
rompe (aunque ella no ría).
Toda ánima
se descalza ante
la hojarasca
(sobre todo
si el guardabosques
calla).
Publicado en Lilitn Nº 3, primera ápoca. Enero de 1979.
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