jueves, 9 de julio de 2009

Editorial Lilith Nº 13

Si el arte es reflejo de la vida o viceversa es una vieja discusión de café que me tiene sin cuidado. Sin embargo, no dejo de ver a diario la cantidad de enseñanzas que nos dejan las diferentes manifestaciones culturales. No estoy seguro si la cultura mejora los sentimientos de los hombres, pero sí sé que al menos les da las herramientas necesarias para analizar y discernir lo que está bien y lo que no.
Escribo estas demoradas líneas cuando Palestina llora aún a sus muertos, masacrados por la barbarie sionista del ejército asesino de Israel. El pueblo hebreo ha sido ejemplo, a lo largo de la historia, por su humanidad y resistencia a las adversidades. De su vientre surgieron científicos y artistas de primer nivel ¿cómo pudo el racismo y expansionismo imperialista hacer raíz en su seno? Las bombas y armas prohibidas diezmaron a los empobrecidos palestinos, sin embargo, la prensa habla de legítima defensa contra el terrorismo de Hamas.
Mientras esto acontece, los bancos y las empresas reciben millones de dólares para evitar una quiebra a la que llegaron fraudulentamente. Con mucho menos de ese dinero podría eliminarse el hambre de todo el planeta. Paralelamente, se congelan salarios y se suspende a los trabajadores. No obstante, la prensa asevera que las medidas adoptadas son a fin de evitar que se generalicen la miseria y la desocupación.
En el film de Santiago Loza, Cuatro mujeres descalzas, una de las protagonistas le confiesa a su compañera: “Si tuviera un hijo, no sé cómo le explicaría el mundo”.
Pero como todo lo que le pasa al vecino tiene su correlato en casa, aquí la derecha aprovechó el río revuelto para volver a la carga. La oligarquía terrateniente apostando a apropiarse, no ya de una mayor porción de la torta, sino del pastel entero. La burguesía explotando o arrojando al desempleo para incrementar sus ya suculentos márgenes de ganancia, todo bajo la mirada inoperante o cómplice de un gobierno que acciona a pedido de su enemigo sin atinar a estrechar filas con los más humildes, mientras Julio López sigue sin aparecer y se ha agregado el joven Luciano Arruga como un nuevo caso a la macabra lista. El dengue, sin prevención ni capacidad operativa, es epidemia y ya mata como la desnutrición, el hambre y las fuerzas de seguridad.
La maniobra de adelanto electoral se vislumbra sospechosa y centra sus discursos en la inseguridad pregonada por diferentes mascarones. Quienes contamos cinco décadas recordamos los comienzos de la Susanita en la farándula; ya entonces publicitaba la “frescura” y el “perfume limón” con un shock. Hoy promociona sin pudor el shock de la silla eléctrica al mejor estilo del ingeniero. Como coro, las golpistas corporaciones mediáticas exigen mano dura con chorros y asesinos, palos para los pobres y los díscolos. No les fue mal: 400 millones del erario público para la Policía y la Gendarmería.
En la película All the little animals (Todos los animales pequeños) de Jeremy Thomas, el protagonista, un muchacho que ama a los animales, pasa la noche en una cabaña abandonada en el bosque y que eventualmente ocupa el Sr. Summers (John Hurt). Con curiosidad observa cómo éste les da de comer a los roedores y pregunta: “¿Les da de comer todas las noches?”, la respuesta, por obvia, es casi mágica y debieran aprenderla nuestros gobernantes y demás detentadores del poder: “todas las noches que paso aquí, si los alimento no me roban”.

En la edición impresa de Lilith Nº 13. En quioscos y librerías.

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