lunes, 29 de agosto de 2011

Editorial - Diciembre 2004

Aún sonaban los cánticos futboleros de aquel 25 de junio, festejando el triunfo del equipo argentino frente a los holandeses. Ellos se iban sin la copa, pero llevaban su dignidad: se habían negado a recibir medallas de las ensangrentadas manos del dictador Videla. Crónica se apuró a titular "¡No hay tierra como la nuestra!", mientras La Razón afirmaba : "Una respuesta al desafío de los profetas del odio". Pero la realidad era que en Argentina, país triunfador y generoso para algunos, todo aquel que apostaba a .una patria más solidaria, sin más desaparecía.

Las fuerzas armadas cargaban con todo lo que se oponía a su, tan mentada como inasible, figura del "ser nacional"; la masacre de argentinos sólo se equiparaba a las desapariciones forzosas. La tortura pasó a ser el arma preferida del gobierno y el exilio una opción más que válida para salvaguardar la vida. Todo ámbito y disciplina eran propicios a la represión, y la cultura no escapó a la razzia. Cualquier revista clarificadora fue prohibida, las editoriales intervenidas y saqueadas, llegando al pináculo de la barbarie con la quema de un millón y medio de libros editados por Centro Editor de América Latina, el 30 de agosto de 1980.

Fue así que nació una tremenda necesidad: la de resistir. De esta manera se gestó Lilith, una revista alternativa originada en charlas interminables e imperativos acuciantes. Un medio de expresión que circulaba por carriles subterráneos, pero llegaba a todo rincón donde brillara un rayo de luz. Mucha fue la gente que pasó por su staff con su valioso aporte y solidaridad. Hubo hasta quien se animó a poner un anuncio, para colaborar económicamente con nuestra subsistencia.

Entonces Lilith creció, pero no en páginas (que disminuyeron) sino en adeptos y circulación. Se sumaron colaboradores y corresponsales en casi todas las provincias y también en diversos países del mundo. Llegó a integrar el Salón de Revistas Internacionales del Centro Pompiduor, a leerse en Suecia y hasta en Japón. España, Italia y el mismísimo corazón del imperio: Manhatan, fueron otros tantos sitios abarcados por nuestra humilde tirada.

Desde las páginas de Lilith fue denunciada la represión y desaparición. Se advirtió sobre el efecto invernadero y los plásticos cancerígenos, cuando la ecología era materia "no programática". Fue difundida la cultura prohibida por la dictadura y por los censores de siempre, que sólo veían brillar el signo monetario entre linotipos y rotativas.

Hoy continuamos el arduo y dulce camino que echamos a andar hace mucho tiempo, por el hábito de la reincidencia. Renovados, pero con igual espíritu. El poder es el de siempre y sigue del mismo lado. Muda de formas y hasta de rostros, pero no de manos ni de fines. Por eso es que el resto de las cosas no se modifica: la misma miseria y falta de horizontes de nuestra gente, hoy agravada en exceso. Nos acompañan muchos de aquellos queridos nombres con los que cubrimos las primeras inexpertas páginas; también hay. otros nuevos, continentes de análoga fuerza y entusiasmo.

Nuestro objetivo es cuestionar, replantear, investigar, crecer y comprender. Llevar ideas nuevas y romper con los esquemas y moldes establecidos, lo que equivale a decir: enfrentar el poder ya que pensamos, como Heráclito, que lo único permanente es el cambio. Detestamos los tabúes, el oscurantismo y la censura. El mejor jurado de selección de la cultura es su receptor final: el pueblo, palabra que nos abarca e implica una experiencia unificada y un destino común.

Lilith pretende ser una publicación viva, por ese motivo seremos el eco de la expresión de nuestros lectores y referentes de sus inquietudes. Esperamos que quien tome contacto con esta revista se manifieste en ella y participe de la hermosa experiencia de su construcción. Los mecanismos de ida y vuelta deben ser la brújula permanente de cualquier medio gráfico que apunte a un crecimiento de la mano del lector y represente sus intereses ya que, como dijo Mario Benedetti.“la verdadera proeza es realizar la conquista con medios dignos, es decir, no bajando el arte hasta el nivel del público, sino elevando el público hasta el nivel del arte”.

Hoy, desde estas páginas, y desde una cultura y una educación absolutamente devastadas, retomamos el camino iniciado en aquellos años. Quien busque en Lilith respuestas, se equivoca, pero sí hallará todas las preguntas, para que el colectivo elabore las opciones y descifre el acertijo. El molde impuesto en nuestra sociedad es el de la pasividad. Paradigma de esa actitud es el lugar y papel reservado a la mujer, por eso el nombre de nuestra revista: Lilith, el que se intentó acallar. El nombre de la primera mujer, de la rebelión primigenia frente al poder impuesto arbitrariamente, de quien llegara a cuestionar no sólo a su pareja, sino que se atreviera a desafiar hasta al mismísimo Dios.

Publicado en la edición impresa de Lilith Nº 1. Sólo en librerías o por pedido.

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