lunes, 21 de marzo de 2011

Formas de la felicidad

por Tomás Cardoso

Tal vez escribir sea una de las actividades más inútiles del hombre y una de las más placenteras. Sólo leer puede llegar a ser aún más placentero, leer y vivir, y soñar, tres nombres para una misma idea. Todos tenemos una Voz, o Voces (es lo mismo, el monoteísmo es una de las caras del politeísmo y viceversa) que nos guían a la hora de emprender este sinuoso camino de palabras, y esas Voces, en mi caso, deben ser un medio para la alegría, o no ser. Adhiero a aquella declaración de principios de Scholem Aleijem: “Que otros se regocijen en relatar hechos tristes, mi Musa es una Musa alegre”.
Refiriéndose a Chesterton, Borges escribe: “Pudo haber sido Kafka o Poe pero valerosamente optó por la felicidad o fingió haberla hallado”. No importa si esa felicidad es fingida, ya que no hay nada que íntimamente no lo sea, y fingir la felicidad ha de depararnos recompensas mayores que fingir la tristeza, acaso porque es una empresa más difícil. Tal vez sea difícil a causa de su simpleza esencial; todo aquello que vale la pena conocer es simple y parece complicado. La intuición es nuestra compañera en esa búsqueda. Lennon canta en Intuition: “Juego el juego de la vida, y trato de hacerlo mejor cada día”. Que la vida es un juego lo demuestran nuestros sueños; que es un juego cruel, nuestra vida despierta. El sentido común puede inducirnos a patear el tablero (“la vida es una cárcel con las puertas abiertas”, Calamaro), pero mejor es sentir las cosquillas del corazón y entregarse al juego con una sonrisa. Recuerdo una entrevista a Joe Strummer donde exponía su concepto del rock'n'roll: “El mensaje final es que estar vivo es algo bueno, divertido y, sin duda, es mucho mejor que estar muerto”.

Nota completa en la edición impresa de Lilith Nº 9. Sólo en librerías o por pedido.

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