jueves, 29 de abril de 2010

Lilith:

La Vera Historia

Nada más molesto para el ser humano, animal de costumbres arraigadas si los hay, que alguien le cambie el esquema de vida, su escala de valores, sus hábitos y costumbres. Con más razón Dios, molde del que salió el hombre a su imagen y semejanza.
¿Qué podía ocurrir cuando, luego de creado el mundo, su propia criatura se le revelara hostil, cuestionadora? ¿Qué, si en medio del equilibrio divino, la mujer planteara un mejor orden, un status que considerase más justo de aplicación que el celestial?


por Rubén Sacchi

UNA CUESTION DE SIGLOS

Cuando Emile Cioran sentenció "el mero hecho de existir es tan terrible que, comparado con él, Dios es pura bagatela" planteaba una cuestión concreta: la vida podría provenir de la divinidad, pero tal entelequia sólo sería pasible, no ya de superarse sino al menos de paliarse, dando la espalda a la existencia o no del creador en cuestión, ya que la propia supone por sí misma un universo difícil de digerir. Pero la disquisición del filósofo rumano no era novedosa. Miles de años antes de Cristo, Lilith, la primera mujer, pateaba el tablero del génesis y decidía que vivir era más importante que amar al dios que la había creado. Transgrediendo así el primer y fundamental mandamiento, mucho antes que Moisés, en el monte Sinaí, recibiera las tablas de la ley.
Desde que el mundo es mundo, no hay crecimiento individual si no se rompe con el esquema paterno. Si no se tuerce el mandato ancestral. La disyuntiva es: prolongar la vida de nuestros padres o vivir la propia, inventarla y recrearla a cada instante. Y esa fue su decisión. Pero Lilith no se quedó allí. La ruptura del modelo incluía la figura del macho dominante. Figura continente que limitaba el ejercicio pleno de su vida, su goce, su placer.
En pos de su independencia, renunció a la protección masculina, al hogar y, sobre todo, a la familia tradicional, eje en el que gira la estructura burguesa de la sociedad y se origina un sistema de explotación basado en el poder y la discriminación.

Más allá de las distintas leyendas que dieron origen al mito, Lilith simboliza hoy la igualdad de la mujer en una sociedad que aparenta darle libertad y participación, pero sólo enmascara su intención de metamorfosearla en objeto de consumo suntuario. Lilith: la condenada. La rebelde e insatisfecha se ha multiplicado en cientos de mujeres que dieron su felicidad y hasta la vida, por un mundo justo, más digno de ser vivido.

PALABRA DE DIOS

"Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra; y los bendijo Dios, diciéndoles: Procread y multiplicaos, y henchid la tierra"(1). Estas palabras, tomadas textuales de La Biblia, nos dan una imagen clara de la creación: hombre y mujer en un mismo acto, igual mandato y una sola bendición. Este matrimonio primordial, ejemplo de la perfección celestial, debía ser, por ende, el paradigma de la felicidad. Pero no fue así. Adán y Lilith nunca encontraron la paz ya que ella, considerándose su igual, no quería adoptar la postura recostada debajo de él durante el acto sexual. Exclamaba: "¿Por qué he de recostarme debajo de ti? Yo también fui hecha de polvo y, por consiguiente, soy tu igual".
Lilith acudió a Dios con sus reclamos de igualdad y éste, por toda respuesta a sus planteos, le impuso la orden de sumisión. Ella postulaba su igualdad por provenir del mismo barro y respirar el mismo aliento, por lo que no acató la directiva divina. No era débil ni inferior, no dependía de los favores de Adán y, antes de someterse y renunciar a sus principios, decidió abandonar el Paraíso.

EL BIG BANG DEL EDEN

La tradición judía, al igual que muchas culturas de la antigüedad, da un valor esencial a la palabra. Considera que todo nombre verdadero abarca las características de lo que alude, por añadidura es posible conocer su esencia, lo que permite adquirir sobre lo nombrado un poder especial. De allí que a Dios se lo considere El Innombrable y sólo se lo pueda sustantivar en forma genérica, ya que mencionarlo equivaldría a un acto de soberbia superlativa. Su verdadero nombre, que nadie conocía, fue revelado a Lilith por el Supremo, víctima de su seducción. Dios le dio alas, a semejanza de los súcubos y así pudo abandonar el Paraíso. Lilith se estableció, desde entonces, en una cueva a orillas del Mar Rojo.
En su nueva residencia tiene como amantes a los Demonios del mundo y desova cientos de miles de nuevos Demonios. Allí llegan en su búsqueda Senoy, Sansenoy y Semangelof, tres ángeles que el Creador envió con la misión de llevarla de vuelta al Edén, so pena de ultimar cien de sus hijos-demonio por cada día que mantuviera su negativa. Lilith decide que esa suerte, aún, es mejor que la vuelta. Los ángeles cumplen su amenaza y ella, furiosa, ruge un juramento que hasta el propio Yahvé escucharía: en venganza por su dolor, mataría a los hijos de Adán, atacaría a los niños y a sus madres durante el nacimiento. Vaticinó también que los recién nacidos niñas estarían en peligro por veinte días y por ocho los varones. Y fue más allá, para compensar la pérdida de sus vástagos, dijo que atacaría en sueños a los hombres para robarles su semen, con el que daría nacimiento a más niños-demonio, que ocuparían el lugar de los asesinados.
Dios no podía contener la tristeza de Adán, por lo que se dijo: "No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda proporcionada a él."… "Hizo pues, Yahvé Dios caer sobre el hombre un profundo sopor; y dormido, tomó una de sus costillas, cerrando en su lugar con carne, y de la costilla que del hombre tomara, formó Yahvé Dios a la mujer, y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: 'Esto si que ya es hueso de mis huesos y carne de mi carne'"(2).

LA LILITH MESOPOTAMICA

El origen de Lilith tiene múltiples teorías. La palabra lil, en sumerio, significa aire; el término más antiguo que se encontró es la palabra lili, cuyo plural es lilitu, que en la referida lengua puede definirse como equivalente a espíritu. En muchas culturas la misma palabra que, utilizada para nombrar aire o aliento, se empleaba para espíritu. De ahí su emparentamiento a la figura demoníaca del súcubo, ya en esa antigua ­civilización.

Juan José Abenza nos cuenta que, según la creencia babilonia, los dioses primeros emergieron del Mar Gigante localizado en los cielos, extensión interminable que representaba el Gran Caos del Abismo. Eran llamados los Ab-Zu y constituían poderes estelares conectados con la Gran Profundidad directamente. Quienes seguían su voluntad, los An-Zu, eran poderes lunares y estaban en conexión con el aire del cielo nocturno.
Los más importantes entre estos eran los Abgal, siete semidioses que emergieron de las aguas del Abismo y que fueron creados de ambos sexos a la vez. Lilith era el lado femenino de uno de los espíritus del viento nocturno perteneciente a un grupo de espíritus guías benevolentes llamados Lili (Lilitu) o Lama (Lamatsu). Eran los encargados de guardar las puertas que separaban el plano físico del espiritual y sólo a través de las cuales podía atravesarse de uno a otro. Se hallaban a la entrada de los templos. Lilith, como guía hacia la sabiduría de la inmortalidad, era representada llevando los anillos de Shem, los símbolos más antiguos para mostrar que alguien ha pasado a la inmortalidad cruzando el Submundo y así alcanzar la sagrada sabiduría del Arbol del Conocimiento.
Como guardiana y dispensadora de los misterios del templo, Lilith era la original Mujer Escarlata, y su sacerdotisa realizaba magias sexuales con el resto de sacerdotes y nobles para obtener transformaciones espirituales que le llevasen a la iluminación, además de la regeneración del cuerpo físico para prolongar su vida. Estos misterios incluían un tipo de alquimia física realizado con la sangre que la sacerdotisa eliminaba a través de la menstruación. Aunque originariamente el término Mujer Escarlata se refería a la sangre menstrual, pronto se mezcló con otro símbolo de poder divino: el pelo rojo, ya que muchas culturas de la antigüedad creían que, quien lo poseía, tenía algún antepasado ya ángel, ya demonio, lo que era indicador de un mayor poder, tanto físico como espiritual.
Una representación de un Lamatsu la muestra con cabeza de leona, llevando una serpiente en cada mano en el bote de los dioses que cruza el Submundo.

De esta época datan sus primeras apariciones en escena y es allí donde se enraíza la concepción hebrea, tal vez durante el cautiverio de este pueblo en Babilonia (año 600 a.C.). Se la conocía también como Ardat Lili, nombre proveniente de la palabra ardatu que definía a una doncella joven. Por definición y unidad de conceptos era un demonio en forma de joven mujer, de hábitos nocturnos, que atacaba durante el sueño a los hombres. Se le atribuían los sueños eróticos, además de las eyaculaciones ­nocturnas involuntarias.

En Asiria, Lamatsu, se sindicaba hija de Anu, dios del cielo, quien se introducía durante la noche en las casas para robar o matar bebés en sus cunas o, incluso, antes de nacer. La muerte súbita infantil y el aborto natural, a falta de explicaciones científicas, se asociaban a su accionar. Lamatsu también podía atacar a adultos trayéndoles enfermedad, esterilidad, pesadillas o chupando la sangre de los más jóvenes. Para protegerse de su intervención, las mujeres embarazadas usaban amuletos de Pazuzu, un dios maligno que, según la leyenda, había vencido a Lamatsu.

El "Cantar de Gilgamesh”, considerado uno de los libros más antiguos (año 2700 a.C.) relata la historia de un demonio femenino, tomado como la misma Lilith, que ­reside en el Arbol de la Vida de la diosa Inanna, por lo que su crecimiento y ­producción se ve afectada. El héroe la obliga a salir y huir al desierto. Puede leerse en su ­prólogo:
"Despues de diez años, el árbol había madurado. Pero mientras tanto, ella seguía consternada pensando que sus esperanzas no podrían cumplirse porque durante aquel tiempo un dragón había construido su nido al pie del árbol, el pájaro-zu estaba cuidando a su cría en lo alto y el demonio Lilith había construido su casa en el medio. Pero Gilgamesh, que había oido las plegarias de Inanna vino a su rescate. Cogió su pesado escudo mató al dragón con su hacha de bronce pesado que pesaba siete talentos y siete minas. Entonces el pájaro-zu voló hacia las montañas con su cría, mientras Lilith, petrificada por el miedo derribó su casa y voló hacia el desierto".

La asimilación de las costumbres de cómo desarrollaban las prácticas sexuales las sacerdotisas seguidoras de la diosa griega Hécate, habrían compuesto también parte de esta leyenda. (3)

LA LILITH HEBREA

Aunque sus primeras apariciones fueron en la Mesopotamia, la leyenda toma más fuerza en la tradición judía. El nombre Lilith, proviene aquí de la palabra layil, que ­significa noche. Su historia de creación, disconformidad y huida del paraíso está relatada en el "Alfabeto de Ben Sirah", escrito entre los años 600 y 1100 de nuestra era y es sostenida por la “Kábala”.
No es de extrañar que un pueblo, del que bien sabemos de la rigidez de costumbres, tradiciones y cumplimiento de sus preceptos religiosos en los practicantes ortodoxos de la fe, utilice la figura de Lilith para adjudicarle una serie de culpas que, de otra manera, recaerían en quienes consideran faltas mortales los meros pensamientos o sueños lujuriosos.

También se la menciona en los "Manuscritos del Mar Muerto", con una cita en plural: "Y yo, el Sabio, declaro la grandeza de su resplandor en orden a asustar y espantar a todos los espíritus de los ángeles de la destrucción y los espíritus bastardos, demonios, Lilitas, búhos y chacales y aquellos que atacan inesperadamente para llevar por mal camino al espíritu del conocimiento…" (4)
Una religión monoteísta, de un sólo dios masculino, que rompe la tradición de la Diosa Madre arraigada en las culturas primitivas, no puede aceptar que el fruto de la creación sea hombre y mujer. Hay quienes aseguran que las Sagradas Escrituras han suprimido la figura de Lilith; que, a través de los siglos y bajo el mandato de bulas y concilios, la historia fue modificada. No hay pruebas al respecto, pero de todos modos quiero reproducir aquí la premonición del profeta Isaías en un versículo del “Viejo Testamento”: “Perros y gatos salvajes se reunirán allí, y se juntarán allí los sátiros. También allí Lilit descansará y hallará su lugar de reposo”. (5)

NUESTRA LILITH

Cuando en 1978 leí "El horror de Red Hook", del maestro Howard Phillip Lovecraft, descubrí por primera vez el nombre de Lilith. Estaba por editar una revista y decidí que se llamara así. A partir de ese pequeño hito, se han sucedido infinidad de referencias, desde el “Talmud” a la “Torah”. Es el asteroide 1811 de los astrónomos y el punto vacío que representa La Luna Negra de los astrólogos. Es quien sedujo a Adán para engendrar a Caín, la mujer con cuerpo de serpiente, que tienta a Eva con la manzana y habita los frescos de Miguel Angel en la Capilla Sixtina, y la esposa de Asmodeus, rey de los demonios. Es la Reina de Sheba, de la cual sospechaba Salomón y la compañera de Samael, Satanás, Lucifer o El Angel Caído. Es la Lamia de los griegos y la Brunilda de los Nibelungos.
Pero para nosotros fue algo menos mitológico aunque con igual contundencia simbólica. Significó la libertad. La libertad de elegir. La resistencia a quienes, erigidos en dioses, nos indicaban un modelo de vida donde "el silencio es salud" y "los argentinos somos derechos y humanos". Fue una barricada de independencia y sentido crítico. En síntesis, Lilith fue y sigue siendo una cuestión ética.

NOTAS

(1) La Sagrada Biblia. -10ma. edición-  Versión  directa de las lenguas originales por Eloino Nacar Fuster y Alberto Colunga Cueto, O.P. Génesis, 1, 27-28.
(2) Id. Génesis, 2, 18, 21-23.
(3) "Las hechiceras griegas que adoraban a Hécate eran partidarias de colocarse encima… y así se ve en las primitivas representaciones sumerias del acto sexual". Robert Graves.
(4) Manuscritos del Mar Muerto, 4Q510 frag. 11.4-6a //frag. 10-1f). Son unos 600 rollos escritos sobre cuero y papiro, encontrados a partir de 1947 en 11 cuevas de Jordania, en la región de Qirbet Qumran. Allí se encontraron dos de las copias más antiguas conocidas del Libro de Isaías, donde se menciona a Lilith (años 200 a.C. a 68 d.C.)
(5) Id.(1) Isaías, 34,14.

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